SERGIO ARRAU - OBRA: "ABELARDO Y ELOÍSA EN EL INFIERNO"


                       

ABELARDO Y ELOÍSA EN EL INFIERNO

Sergio Arrau
                                                                            
                                                              
Personajes:   Eloísa
                       Abel.

Lugar de acción:     
Departamento en un quinto y último piso, sin ascensor. Sala y comedor con mobiliario de buen 
gusto, aunque gastado. Algunos cuadros y adornos dan a entender que sus moradores vivieron 
tiempos mejores.

Mañana de día domingo. Del dormitorio sale Abel en pijama. Es un hombre que supera el medio siglo. Al abrir la puerta se oye  sonido de ducha. Cierra cuidadosamente y cruza hasta llegar al teléfono, ubicado cerca de la puerta de salida del departamento. Abel mira hacia el dormitorio y marca un número.

ABEL.-      (HABLA CASI EN SUSURRO). ¿Gloria? Sí, amorcito, yo. (ESCUCHA). No, ningún problema; sentí necesidad de escucharte, nada más. ¡Como hoy no  puedo verte! (ESCUCHA). ¡Qué más quisiera yo, pero es domingo...y tú sabes..!ESCUCHA). Mañana mejor hablaremos de eso, ¿ya? (ESCUCHA). Claro,  estoy de acuerdo en que hay que tomar una determinación. (ESCUCHA). Definitiva, por supuesto. (ESCUCHA). ¿Qué? ¿Ahora mismo? ¿Estás loca? Déjate de bromas, ¿quieres? (ESCUCHA). No, tú sabes perfectamente que... (ESCUCHA). ¡Gloria, por favor, escucha..!
                        (POCO A POCO HA IDO SUBIENDO EL VOLUMEN DE SU VOZ HASTA HABLAR EN FORMA NORMAL). Sí, te prometo que voy a tratar el asunto, pero de ninguna manera hoy. (ESCUCHA). Bueno, porque es domingo, por último. (ESCUCHA). Sí, sí, te digo que estoy totalmente de acuerdo en que esto debe terminar. (ESCUCHA). ¡No sabré yo que es insostenible! (SE ABRE LA PUERTA DEL DORMITORIO Y APARECE ELOÍSA, MUJER LIGERAMENTE MENOR QUE ABEL, PERO HERMOSA Y BIEN CONSERVADA. VIENE EN BATA, SIN ARREGLAR, RECIÉN SALIDA DE LA DUCHA. AL VERLA, ABEL ALZA MUCHO LA VOZ). ¡Sí, totalmente insostenible, don Alfredo! Cierto, tiene razón, se debe a la baja en el mercado internacional...y a los costos de producción que se han ido a las nubes. Pero no se preocupe, don Alfredo. La situación tiene que arreglarse, se lo aseguro. (ESCUCHA). No, no, es mejor que Ud. no me llame. Por supuesto que tomaremos una decisión y será definitiva. (ELOÍSA SE DIRIGE A LA COCINA). Apenas tenga noticias confirmadas yo la llamaré sin falta. (ELOÍSA SE PARA EN SECO). Sí, sí...Hasta lueguito, don Alfredo. He tenido mucho gusto en escucharlo. (CORTA. MIRA A ELOÍSA Y SONRÍE).
ELOÍSA.- ¿Con quién hablabas?
ABEL.- Con don Alfredo Espinosa, importante accionista de...
ELOÍSA.- ¿Y por qué gritabas?
ABEL.- ¿Yo? Bueno, porque es sordo como  tapia el pobre caballero.
ELOÍSA.- ¡Ah! ¿Y para qué la vas a llamar?
ABEL.- Para comunicarle que... ¿Cómo dijiste?
ELOÍSA.- ¿Para qué la vas a llamar?
ABEL.- ¿Cómo que”la”?
ELOÍSA.- Dijiste: Yo “la” llamaré sin falta.
ABEL.- Estás soñando.
ELOISA.- Dijiste “la”.
ABEL.- Oíste mal. O fue un lapsus linguae de mi parte.
ELOÍSA.- ¿Acaso el tipo es…rarito?
ABEL.- ¡Las cosas que se te ocurren! ¡Si te oyera don Alfredo..! Hombre irreprochable, casado y con dos hijos.
ELOÍSA.- Se ha visto casos.
ABEL.- ¿De qué?
ELOÍSA.- Ayer no más salió en el diario...
ABEL.- ¿Llegó el diario?
ELOÍSA.- No sé. Salió un  artículo bien interesante sobre cambios hormonales.
ABEL.- (RECOGIENDO EL DIARIO BAJO LA PUERTA DE ENTRADA). Menos mal que esta vez llegó temprano.
ELOÍSA.- Decía que eso le puede pasar a cualquiera. A lo mejor don Alfredo...
ABEL.- ¿Se pasó al otro equipo? Imposible.  (SE  SIENTA  EN  UN  SILLÓN).  Aunque
también es cierto que nunca se puede decir: de esta agua no beberé. Basta la fallita de algún órgano que tenga que ver con la cuestión y ¡zuácate!  ¡Contra, cruz diablo!
ELOÍSA.- ¿Quieres hacerme un favor?
ABEL.- Lo siento, pero lo voy a leer yo primero.
ELOÍSA.- Está bien, pero fíjate en la fecha de hoy, ¿quieres?
ABEL.- ¿Qué tiene la fecha?
ELOÍSA.- ¿No te dice nada?
ABEL.- (ACERCANDO EL DIARIO A UN OÍDO). Ni una palabra.
ELOÍSA.- Era de esperarse. (VA A LA COCINA Y VUELVE EN SEGUIDA CON UN PAÑO Y  PLUMERO. SE PONE A REPASAR LOS MUEBLES).
                  ¿Por qué llamaste a don Alfredo tan temprano?
ABEL.- ¿Ah..? Para tranquilizarlo.
ELOÍSA.- ¿Estaba muy agitada?
ABEL.- Agitado. Comprensible, dadas las cuestiones de la baja.
ELOÍSA.- ¿Baja de qué?
ABEL.- ¡De qué va a ser: de la Bolsa!
ELOÍSA.- ¿Cuál bolsa?
ABEL.- De comercio, pues. ¿Qué otra bolsa va a bajar? No puede dormir. Tiene la presión altísima.
ELOÍSA.- Consecuencias de la mala vida, sin duda. Los tragos...Las orgías...
ABEL.- No digas huevadas.
ELOÍSA.- ¡Te prohibo decir palabrotas en mi casa! Sabes que me enferma escuchar groserías.
ABEL.- Tú me obligas.
ELOÍSA.- Ya es suficiente con las que se oyen en el barrio. Es un martirio vivir acá. ¡Qué gentuza tan ordinaria! De lo peor. (SIGUE LIMPIANDO).  ¿Don Alfredo te importa mucho?
ABEL.- ¿Eh?¿Por qué?
ELOÍSA.- Como te preocupa tanto su salud.
ABEL.- Cuestión de humanidad. Y por favor déjate de ironías, de interrogatorios policiales y de levantar polvo. ¿Qué fue de Luisa?
ELOÍSA.- La despedí ayer.
ABEL.- ¿Por qué?
ELOÍSA.- Se puso muy insolente. Además se bebía todos los licores.
ABEL.- ¡Ah, era ella!
ELOÍSA.- (SACUDE EL SOFÁ CON FURIA). Enferma como estoy...y tener que ocuparme de estos menesteres. (ABEL TOSE). Si te molesta puedes irte a otro sitio.
ABEL.- Estoy en mi sitio.
ELOÍSA.- No, señor. (SEÑALANDO EL OTRO SILLÓN). Ese es tu sitio. (Y EN ORDEN MUDA ESPERA QUE ABEL CAMBIE DE ASIENTO, LO QUE ÉL HACE A REGAÑADIENTES. ELLA CONTINÚA REPASANDO MUEBLES Y ADORNOS). ¿Cómo es don Alfredo?
ABEL.- Como todo el mundo.
ELOÍSA.- ¿Alto?
ABEL-. Normal.
ELOÍSA.- ¿Buen mozo?
ABEL.- Nada de particular.
ELOÍSA.- ¿Rubio o moreno?
ABEL.- No sé.
ELOÍSA.- (TEATRALMENTE SORPRENDIDA). ¿No te has fijado?
ABEL.- (IMITÁNDOLA). Fíjate que no.
ELOÍSA.- ¿Acaso no tiene una larga cabellera rubia?
ABEL.- (SOBRESALTADO). ¿Qué?
ELOÍSA.- ¿Y por casualidad no canta folklore?
ABEL.- ¿De quién estás hablando?
ELOÍSA.- De don Alfredo, pues. ¿O no canta folklore?
ABEL.- Después te quejas porque digo palabrotas. Déjate de hue...tonterías y sírveme el desayuno que me muero de hambre.
ELOÍSA.- Y debe cantar pésimo. Con voz de gato sarnoso. (ENTRA A LA COCINA).
ABEL.- (EN VOZ BAJA). Eso te crees tú. Canta como los propios ángeles. ¿Quién le habrá venido con el cuento? Luisa, seguramente. Bien hecho que la haya despedido. (VUELVE ELOÍSA MUY CORDIAL).
ELOÍSA.- ¿Qué quieres para desayunar?
ABEL.- Algo sencillito, pero contundente. Café con leche, huevos revueltos con jamón, tostadas con mantequilla, mermelada y un poco de queso, naturalmente.
ELOÍSA.- ¿Nada más?
ABEL.- Basta con eso.
ELOÍSA.- Lamento decir al señor, que tendrá que conformarse con café con agua y pan de ayer sin nada.
ABEL.- ¿Entonces para qué preguntas?
ELOÍSA.- Pregunté “qué quieres” para desayunar y no “que hay” de desayuno.
ABEL.- Sádica.
ELOÍSA.- ¿No dices que tengo mucha imaginación? Si tuvieras un poquito siquiera, podrías sentirle sabor de langosta a la meunier al pan añejo
ABEL.- (IMITANDO EL FRANCÉS). A la meunier... ¡Qué ingeniosó! Pero la tuya no es imaginación, sino fantasía desatada.
ELOÍSA.- Qué quieres, pues. Soy  poeta.
ABEL.- ¡Poeta..! Lo que eres es una fantasiosa incorregible que ve cosas que no existen.
ELOÍSA.- ¿Como la rubia?
ABEL.- (ARRUGANDO EL DIARIO CON FURIA). ¿Cuál rubia, me quieres decir? Déjame leer el diario tranquilo. Y sírveme café con pan pelado, que sea. No entiendo qué haces con la plata.
ELOÍSA.- ¡Qué tal descaro el tuyo! No me atrevo ni a pasar frente a la bodega de don Giuseppe. Todavía se le debe la cuenta del mes pasado. ¡Qué hago con la plata! Verdaderos milagros o más malabares de circo. A ti habría que preguntar que haces con tu sueldo.
ABEL.- Te lo paso íntegro. Salvo algunos centavos para cigarrillos.
ELOÍSA.-  ¿Y qué hay del último aumento?
ABEL.- No me correspondía...por cuestiones de no sé qué decreto...
ELOÍSA.-No puede ser.  Mañana mismo iré a reclamar.
ABEL.- ¿Quieres no meterte en mi trabajo? Te encanta hacerme quedar en ridículo.
ELOÍSA.- Pero es que no hay derecho. Lo que me das no alcanza para nada.
ABEL.- No solamente a nosotros, ¿sabías?
ELOÍSA.- Lindo consuelo. ¿Cuándo te pagan?
ABEL.- Posiblemente el jueves. Y a lo mejor esta vez me reintegran algo.
ELOÍSA.- Nada de “a lo mejor”. Mañana iré a hablar con el Director General.
ABEL.- ¡Te lo prohibo!
ELOÍSA.- Llegaré hasta el Ministro si es necesario. Siempre hay que atacar a la cabeza. A mí me tienen que atender.
ABEL.- ¿Por tu ilustre apellido o por tu linda cara?
ELOÍSA.- Por ambas cosas. Yo me hago respetar. En cambio tú eres tan abúlico que te pueden pasar tanques  encima y no dices nada. Por hacerte el simpático, o por cobardía,  nunca reclamas. Como pasó aquella vez en Pacasmayo.
ABEL.- ¿En Pacasmayo? ¿Cuándo?
ELOÏSA.- Hace como diez años.
ABEL.- Era casi un niño entonces.
ELOÍSA.- Cuando en el hotel te pusieron la almohada de piedras.
ABEL.- ¿Almohada de qué?
ELOÍSA.- La que tenía unas bolas duras.
ABEL.- Almohada de piedras…  ¿No es un corrido mejicano?
ELOÍSA.- Decías que no te dejaba dormir y te destrozaban el cerebro. ¿Y reclamaste? ¡Qué ocurrencia! Como siempre tuve que ir yo para que te sacaran las bolas.
ABEL.- No me las sacaron. Me cambiaron de almohada y punto.
ELOÍSA.- Y esa otra vez...en Mollendo creo que fue, que te dieron tiburón en lugar de corvina y te lo comiste calladito.
ABEL.- Estaba delicioso. Tenía gusto a buzo.
ELOÍSA.- Una semana quejándote de dolor de barriga. Todo por no reclamar.
ABEL.- ¿Me puedes hacer el superávito favor de servirme el desayuno? Y no es lo mismo reclamar por tonterías que no valen la pena que ir a meterse al trabajo de uno, para que todo el mundo crea que estoy pisado por la mujer.
ELOÍSA.- (INCISIVA). ¿Cuál?
ABEL.- (ARROJANDO EL DIARIO).  ¡Y por último no me molestes más, caramba!
ELOÍSA.- Así deberías hablar afuera. Lástima que sólo gritas en  casa. Apenas sales te conviertes en un manso cordero. (SALE A LA COCINA).
ABEL.- (BALA). ¡Beee..! Esta mujer me va a sacar canas verdes.  (SUSPIRA). ¡Ay, Gloria mía, eres tan distinta! Claro que también tienes tus bemoles y becuadros que llegan a dar miedo. ¡Mira que ponerme entre la espada y la pared en día domingo! Es una falta de consideración. El panorama se me está poniendo color de hormiga. (VUELVE ELOÍSA TRAYENDO UNA BANDEJA CON EL DESAYUNO QUE PONE EN LA MESA DEL COMEDOR).
ELOÍSA.- El desayuno está servido. (ABEL SE SIENTA A LA MESA). ¿Desea algo más el señor?
ABEL.- No, gracias, puede sentarse. (ELLA LO HACE). ¿De qué año dijiste que es el pan?
ELOÍSA.- Ahorra  sarcasmos obsoletos.
ABEL.- El obsoleto es el pan.
ELOÍSA.- ¡Cuántos niños estarían felices de comer siquiera esto!
ABEL.- Aun no he llegado a la segunda infancia. ¿Azúcar?
ELOÍSA.- Se acabó.
ABEL.- ¿Quieres que beba esta pócima así no más, tal cual?
ELOÍSA.- Los árabes toman  café sin azúcar.
ABEL.- Entonces pásame el camello para ponerme en onda.
ELOÍSA.-  Se fue a comer a otra parte.
ABEL.- (BEBIENDO EL CAFÉ CON EXPRESIÓN DE DISGUSTO). ¡Árabe..! Yo podría pasar como tal; hasta tengo cara de sheik. Pero tú, de odalisca, ni con cien mil y una noches.
ELOÍSA.- ¿Tú crees? Puedo bailar, como Salomé, la danza de los siete velos mejor que la rubia.
ABEL.- ¿Cuál rubia?
ELOÍSA.- Con la seguridad de que me darían no una, sino media docena de cabezas de bautistas.
ABEL.- Mejor dedícate al baile flamenco, oye. Con el ruido de tus articulaciones no necesitarías castañuelas. ¡Ay! Casi me rompo un diente con el pan.
ELOÍSA.- Ten cuidado, mira que el arreglo de las planchas está carísimo.
ABEL.- (MOSTRANDO LOS DIENTES). Legítimos.
ELOÍSA.- Legítimo acrílico. En lugar de quejarte tanto debería buscar otro trabajo, ya que donde estás te pagan tan mal.
ABEL.- ¡Otro trabajo! ¿Dónde?  Tengo que aferrarme al que tengo con uñas y dientes.
ELOÍSA.- ¡Qué vida! Cuando recuerdo que por tu culpa perdí la casa que me dejó papá…
ABEL.- ¿Cómo que por mi culpa?
ELOÍSA.- ¿Quién aconsejó que la vendiera e hiciera esas inversiones tan descabelladas. ¡Cómo me dejé engañar! Pero entonces  estaba tan enamorada que creía todo lo que me decías.
ABEL.- Bueno, cualquiera se puede equivocar, ¿no?
ELOÍSA.- A duras penas pude salvar este departamentito ubicado en un barrio tan...macabro. (SEÑALA HACIA EL PÚBLICO) ¡Frente al cementerio, nada menos! ¡Qué linda vista!
ABEL.- ¿De qué te quejas? El vecindario es tranquilo. Nunca discute.
ELOÍSA.- ¡Para qué te haría caso! Lo único positivo que pude rescatar fue la edición de mis poemas.
ABEL.- Esa  fue la verdadera catástrofe.
ELOÍSA.- Deberías empeñarte en conseguir más dinero… ¿Viste la película de anoche en la tele?
ABEL.- La del asalto al banco?¿Eso quisieras? ¿Que asaltara mi oficina?
ELOÍSA.- “Tú” oficina... ¡Pobre empleadillo del montón!
ABEL.- Perdóname, pero soy el jefe.
ELOÍSA.- Jefecillo del montón. Deberías ser… Actuar como hombre de verdad,  que no se conforma con migajas, con el resto del festín. Donde impera la ley de la selva hay que proceder como en la selva. Si no: te comen. Hay que proceder sin escrúpulos. ¡Con decisión y sangre fría, como hacían los gangster en Estados Unidos! (BRUSCAMENTE CAMBIA LA ILUMINACIÓN. ABEL SIGUE DESAYUNANDO COMO SI LA ESCENA QUE SIGUE NO OCURRIERA. Y EN VERDAD NO PASA MÁS QUE EN LA IMAGINACIÓN DE ELOÍSA, QUE SE LEVANTA MANEJANDO UNA SERVILLETA COMO SI FUESE METRALLETA Y ACTÚA CUAL PANDILLERA DE PELÍCULA NORTEAMERICANA). ¡Todo el mundo al suelo! ¡Obedezcan! ¡Al suelo todo el mundo! ¡Este es un asalto! Manos a la nuca  sin chistar. (SE OYE MÚSICA DE LOS AÑOS VEINTE). ¡No hablen ni muevan un músculo, porque esta metralleta se dispara sola! (A ABEL, QUE SE INTEGRA A LA ACCIÓN). Tú, vigila afuera. No te quedes ahí como papanatas. (ABEL VA A LA PUERTA ARMADO POR EL PAN. ELOÍSA SE DIRIGE A UN CAJERO). Salta con la plata. ¡Rápido! Métela en este saco. Y cuidadito…¡Si intentas alguna maniobra..! (LO GOLPEA). ¡Te lo advertí, imbécil! Queriendo tocar el timbre de alarma, ¿eh? Te llenaré de plomo el abdomen. ¿No? Entonces apúrate. (SE OYE SONIDO DE SIRENAS). ¿Qué es eso? ¡Maldición, la policía! ¡Les dije que no se movieran! (DISPARA CON LA SERVILLETA. SE OYE TABLETEO DE METRALLETA).
ABEL.- ¡Qué hiciste! ¡Mataste al guardia! Ahora toda la policía del Estado se nos echará encima.
ELOÍSA.- ¡Bah!
ABEL.- Intervendrá el F.B.I,  la C.I.A…
ELOÍSA.- Toma la plata y vámonos. (ABEL RETROCEDE). ¿Qué te pasa? ¿Te acobardas, miserable? Sabes lo que hago con los que me traicionan. ¿Quieres correr la misma suerte? (ABEL SE SIENTA A LA MESA). ¡Dame la plata!
ABEL.- No tengo.
ELOÍSA.- ¡Me la das inmediatamente o..! (VUELVE LA ILUMINACIÓN NORMAL. ELOÍSA SE SIENTA).
ABEL.- Te digo que no tengo dinero, mujer, ¿no quieres entender? Todavía faltan cuatro días para que me paguen.
ELOÍSA.- ¡Maldita sea!
ABEL.- ¿De cuándo acá ese “maldita sea”?  Lenguaje de telenovelas, claro. De esas que te gustan tanto.  
ELOÍSA.- ¿Quieres más café?
ABEL.- ¡Ah, era café! Lucrecia Borgia  habría agradecido la fórmula.
ELOÍSA.- Antipático.
ABEL.- Eloísa, que es sinónimo. Hasta el nombre es añejo. Ya nadie se llama Eloísa en esta época. Aunque calza bien con tu aspecto vinagre. ¿Qué   quieres? ¿Absorberme, devorarme como boa famélica? A estas alturas, imposible.
ELOÍSA.- Quinto piso sin ascensor.
ABEL- Hasta el humor me lo copias.
ELOÍSA.- El mal humor, dirás.
ABEL.- Tanto, que a veces no sé si estoy hablando conmigo mismo.
ELOÍSA.- ¿Como  en el teléfono? ¿Hablabas con  otra copia tuya?
ABEL.- Con el original.
ELOISA.- Originalmente ramera. ¡Degenerado! Ni con toneladas de antibióticos podrías limpiar tu sangre.
ABEL.- ¿Te agarró el delirium tremens?
ELOÍSA.- ¿Por qué, de un tiempo a esta parte, lavas a escondidas tu ropa interior?
ABEL.- ¿Eh? Bueno… No me gusta que se acumule ropa sucia. (SE DIRIGE AL DORMITORIO).
ELOÍSA.- ¿Dónde vas?
ABEL.- A vestirme, mi coronel. Permiso para retirarme.
ELOÍSA.- Antes explica lo de los antibióticos.
ABEL.- Yo sólo tomo vitaminas.
ELOÍSA.- ¿Con envoltorio de antibióticos?
ABEL.- ¡Cómo te encanta  meterte en terrenos morbosos, para después armar historias disparatadas...¡mitómana! ¿Sabías que la mayoría de esas “damas” es mitómana? Cúidate mucho, mira que hasta la facha la  tienes. (SALE).
ELOÍSA.- (TRATA DE ABRIR LA PUERTA, PERO RAÚL LE HA PUESTO LLAVE) ¡Abre! La rubia teñida es de esas. ¡Y de las más podridas! (GOLPEA). ¡Abre, poco hombre! ¡Cobarde! ¡Inmundo! Ya quisieras tú que me convirtiera en un despojo humano... Pero eso no lo verán nunca tus ojos. (BRUSCO CAMBIO DE ILUMINACIÓN. ELOÍSA ADQUIERE EXPRESIÓN VULGAR Y ASPECTO ACABADO. GOLPEA LA PUERTA).  No seas malo, que hace mucho frío acá afuera. Empezó a llover... Estoy agotada...ya no doy más. Toda la noche parada en la esquina...y ni un solo cliente. Pégame, haz lo que quieras, pero déjame entrar. Estoy enferma, Abelardo, muy enferma. Te di los mejores años de mi vida. No es justo que porque tengas ahora minas más jóvenes me dejes botada en la calle. Deja siquiera tenderme en un rincón. Te juro que no te voy a molestar. (GOLPEA DÉBILMENTE). Ya sé que estoy envejeciendo. Es inevitable. Pero tú también te estás poniendo viejo. Y yo te voy a cuidar. Cuidarte como nadie más lo haría. ¿No te das cuenta que me necesitas? Cara Cortada te anda buscando. Dijo que te mandaba este aviso. Mi ojo morado es el aviso. Cuando te agarre Cara Cortada la vas a pasar muy mal. Te va a quitar todas las minas. Vas a quedarte solo. Solo además de enfermo y viejo...si es que logras salvar el pellejo. Pero yo te voy a cuidar, Abelardo. Porque a pesar de todo lo que me has explotado... con todo y a pesar de todo... te quiero. Abre la puerta, por favor. (APARECE ABEL VESTIDO. VUELVE LA LUZ NORMAL),
ABEL.- ¿Qué murmuras, oye? ¿Se te cruzaron los chicotes?
ELOÍSA.- (VOLVIENDO A LA REALIDAD). ¿Qué?
ABEL.- Creo que se me pasó la mano con lo que te dije. Disculpa.
ELOÍSA.- Está bien, Abelardo.
ABEL.- Te exijo una vez más que no me digas más Abelardo. Mi nombre es Abel.
ELOÍSA.- ¡Qué lástima! Abelardo fue el más notable sabio de la Edad Media
ABEL.- ¿Y a mí qué me importa? Yo soy de la Edad Entera, por si acaso.
ELOÍSA.- Además, amó a Eloísa.
ABEL.- ¿Tú?
ELOÍSA.- ¡Cuántas veces te he contado su historia! Yo… Aquella Eloísa era sobrina de un canónigo de la catedral de París. Inteligente, preciosa, de dieciséis años
ABEL.- Igualita que tú.
ELOÍSA.- Y contrató como maestro de ella a Abelardo. Ambos se amaron hasta la muerte.
ABEL.- ¿Tú crees que por el hecho de que  te llamas Eloísa yo tengo necesariamente que ser Abelardo?  Me llamo Abel,  Caína.
ELOÍSA.- ¿Caína?
ABEL.-  Sí, porque estás matando a este Abel.
ELOÍSA.- Idiota.
ABEL.- ¿Qué hay de almuerzo?
ELOÍSA.- Acabas de tomar desayuno.
ABEL.- Ah, verdad,  el pantagruélico desayuno inglés.
ELOISA.-  Confiaba en que hoy al menos me invitaras a almorzar.
ABEL.- Sabes que no hay plata…
ELOÍSA.- Entonces no hay más remedio que ir donde mamá.
ABEL.- ¡Nunca!  Prefiero ayunar...recibirme de yoga, lo que sea.
ELOÍSA.- Los domingos hace ravioles o arroz con pato.
ABEL.- ¿A qué hora vamos?
ELOÍSA.- Oportunista. (SE DIRIGE AL TELÉFONO Y MARCA). ¡Me duele tanto la cabeza!
ABEL.- ¿Estás segura de que hará arroz con pato? Porque la última vez que fuimos tenía tamales. Y con la cara de tamal que tiene la vieja, parecía que me la estaba comiendo a ella.
ELOÍSA.- ¿Aló? ¿Mamá? Sí, mami, ¿cómo está? (ESCUCHA). Todos bien, gracias.
ABEL.- ¡Todos bien..! Como si fuéramos tantos.
ELOÍSA.- Gracias, mamita. No, él no se acordó
ABEL.- ¿De qué, ah?
ELOÍSA.- Bueno...Ud. sabe, las preocupaciones...el sueldo que no alcanza...
ABEL.- ¿Por qué le cuentas eso? Cómo te gusta acomplejarme... Que el tamal  me tome por un fracasado...
ELOÍSA.- Pensábamos ir hoy a visitarla. (ESCUCHA). ¿Para el almuerzo?
ABEL.- ¿Y a qué otra hora va a ser? Pregúntale si tendrá arroz con pato.
ELOÍSA.- Se equivoca, mami. Abelardo...
ABEL.- ¡Abel, caramba!
ELOÍSA.- La quiere.
ABEL.- Ver muerta. .
ELOÍSA.- Entonces a la una, mamita.
ABEL.- Para entonces habré fallecido de inanición.
ELOÍSA.- ¿Habrá algo especial?
ABEL.- ¿Arroz con pato?
ELOÍSA.- No tiene por qué molestarse, mami.
ABEL.- Moléstese no más,  que para eso está.
ELOÍSA.- Chao, mamita. Hasta luego. (ENVÍA BESOS Y CUELGA).
ABEL.- Sólo por teléfono se puede besar al tamal.
ELOÍSA.- Mal agradecido. Vas a llenar la panza gratis...
ABEL.-  Vístete de una vez, que si te ve un pelícano puede hacer nido en tu cabeza.
ELOÍSA.-  Podría perdonar cualquier cosa menos que hayas olvidado la fecha de hoy.
ABEL.- ¡Y dale con la cantaleta! Soy yo el que trata de olvidar...lo aplastado que estoy.
ELOÍSA.- ¿Por mí? Mira, hombrecito No te necesito para nada, ¿sabes? Si yo quisiera...Me sobran los admiradores, te diré. (SE DIRIGE AL DORMITORIO).
ABEL.- ¡Soñare humanum est!
ELOÍSA.- (DETENIÉNDOSE CON AIRE ENIGMÁTICO).  Curioso.
ABEL.- ¿Qué?
ELOÍSA.- Que hables en italiano.
ABEL.- No es italiano sino latín.
ELOÍSA.- Para el caso es lo mismo.
ABEL.- ¿Cuál caso?
ELOÍSA.- Uno...que a ti no te interesa.  Me voy a vestir.
ABEL.- (JOCOSO). ¡Oye, no me digas que tienes un amante!
ELOÍSA.- No soy de esas.
ABEL.- ¿Un admirador, quizá?
ELOÍSA.- (CON VAGA SONRISA). Podría ser.
ABEL.- ¿Latino? Debe tratarse de Nerón.
ELOÍSA.- (LEVEMENTE AMENAZANTE). No lo tomes tan a la broma, mira que te puedes llevar una buena sorpresa.
ABEL.- ¡Ja!. Más vale no meneallo.
ELOÍSA.- Amaneciste culto hoy.
ABEL.- Curto. Curtido por los golpes del destino griego. Y te prometeo que me llega a dar edipo cuando veo la cuenta de electra. ¡Claro, si está todo el día encendida la televisión!
ELOÍSA.- Al menos me acompaña.
ABEL.- No veo la gracia de tener como compañía  un anunciador de detergentes.
ELOÍSA.- Más vale anunciador en mano que marido volando. (SALE).
ABEL.-  Eso quisiera yo: volar. (COGE EL DIARIO). ¡Ay! Si pudiera encontrar un puesto de gerente en Afganistán o en Chechenia, por último. (LEE LOS AVISOS). “Empleado administrativo se requiere...” ¿Cómo dicen que no hay trabajo? “Con título de...” ¡Título! Me fregaron. (LEE EN OTRA PARTE). “Importante firma extranjera...” Esto parece bueno. Y no exigen título. “Experiencia...” Perfecto. “Edad máxima: 35 años”. ¿Pero que se han creído? ¿Que los que tenemos un poquito más de 35 somos inválidos o reblandecidos? (ARROJA EL DIARIO CON FURIA). Debí hacerle caso a mi padre. Quería que fuese marino. ¡Qué bien estaría ahora, viajando por lugares exóticos! ¡Con un amor en cada puerto! Chinitas flaquitas, pero gustosas...Negras ardientes...Nórdicas rubias... ¿Rubias? (VA AL TELÉFONO). Soy marino de un solo puerto... ¡Pero qué puerto! (DISCA. ESPERA). ¿Gloria? (ESCUCHA). Sí, pues, quién va a ser, ¿el otro? Es broma, mi amor. Aunque no tanto, oye. En tu conjunto folklórico hay un tipo de bigotitos que te mira con ojos de antropófago. (ESCUCHA). ¿Cómo que no tengo derecho? A propósito, el viernes pagué el alquiler de tu departamento y la cuota del carro. (ESCUCHA). ¡Por Dios, Gloria, cuántas veces te lo voy a repetir! Se lo diré, pero deja que este sea el último domingo. (ESCUCHA). Sí, te escucho. (ESCUCHA). ¿Qué..? ¡Pero eso es un ultimátum..! (ESCUCHA). De acuerdo, hechos. ¿Pero por qué hoy, precisamente? (ESCUCHA). Cálmate, por favor. No es habitual, pero…bueno, esta tarde iré a verte un ratito. (ESCUCHA). ¡Cómo que no te interesa! (ESCUCHA). Pero mi cielo...nunca me habías hablado así... (ESCUCHA). Está bien, se lo voy a decir hoy. (ESCUCHA). Sí, hoy mismo, te lo prometo.  (ESCUCHA). ¿Cómo? ¿Que me das plazo hasta medio día..? ¡Gloria! (LE CORTAN. DISCA NERVIOSAMENTE. ESPERA). Descolgó (CUELGA EL FONO). A las 12 me llama para saber si rompí con Eloísa.. ¿Qué se ha creído ésta? ¿La reina de Saba? (BUSCA CIGARRILLOS. SACA UNA CAJETILLA CON EL ÚLTIMO. ENCIENDE Y ARROJA LA CAJETILLA AL SUELO).  Lo peor es que se me fregó el arroz con pato de la vieja. (SE PASEA COMO ANIMAL ENJAULADO Y LUEGO ABRE LA VENTANA IMAGINARIA QUE DA AL PÚBLICO). Llego a envidiar a los parroquianos del frente...Tiecitos...Sin problemas…  De golpe se me viene encima el aluvión y no hallo cómo esquivarlo. ¡Tomar una decisión! ¿Para qué? ¿No es mejor dejar que  las cosas sigan como están? ¡Qué hago, por San  Cirilo! Aquí tengo mis libros, mi sillón...la tranquilidad, la paz. Aunque sea una paz tan parecida a la de Uds, amigos difuntos. (SE EXTREMECE Y CIERRA LA VENTANA. VUELVE A PASEARSE).  Gloria es vida, renovación...pero gasta como condenada. Y tal como va la cosa no creo que le pueda seguirle el tren por mucho tiempo. Bueno, pero… ¡Eloísa me tiene harto! No se puede negar que es buena y que tiene todo bien ordenado. (RECOGE LA CAJETILLA Y SE LA GUARDA. TAMBIÉN RECOGE EL DIARIO). Yo…le tengo estimación, para qué.  Me va a costar dejarla. Pero Gloria es el amor, el amor en toda su dimensión. ¡Y después de ésta no hay otra, compadre! (INGRESA ELOÍSA CON UN VESTIDO VISTOSO Y LUCIENDO UNA PELUCA RUBIA. ABEL NO LA VE). Basta de dudas hamletianas, mi viejo. Hay que decidirse de una vez por todas. (RESPIRA HONDO Y LLAMA CON VOZ GRAVE). ¡Eloísa!
ELOÍSA.- (LÄNGUIDAMENTE APOYADA EN LA PUERTA). ¿Mmmm..? (ABEL GIRA SORPRENDIDO. AL VERLA, SU ACTITUD DECIDIDA SE DERRUMBA).
ABEL.- ¿Y eso?
ELOÍSA.- ¿Qué?
ABEL.- La peluca.
ELOÍSA.- Ya ves que se puede ser rubia sin mayor esfuerzo. ¿Qué tal me veo?
ABEL.- Sácate esa ridiculez.
ELOÍSA.- ¿Quedaría mejor pelirroja?
ABEL.- De ningún color, olor ni sabor. Quítatela.
ELOÍSA.- Sólo me faltaría cantar folklore para parecerme a...
ABEL.- Estás bordeando la esquizofrenia, mujer.
ELOÍSA.- Pero yo soy mejor en todo sentido.
ABEL.- (SARCÁSTICO). Comenzando por el apellido, desde luego.
ELOÍSA.- Para empezar. Y por la educación que tuve en el mejor colegio de Lima. Mi padre quería que me hiciese monja
ABEL.- ¿Qué esperas? Todavía puedes. ¿Te hago la maleta? Hagamos un  trato: tú te metes de monja y yo de monjo
ELOÍSA.- (ENSOÑADORA). Como lo fueron Abelardo y Eloísa.
ABEL.- Pero tú te vas primero, ¿ya?
ELOÍSA.- ¡Qué maravillosa historia de amor! Claro que el verdadero Abelardo era un hombre superior, no cualquier cosa.
ABEL.-  Y, por lo que me has contado,  Eloísa muy linda...y joven.
ELOÍSA.- Como no hay que olvidar que el tío de Eloísa, indignado con esos amores, mandó castrar a Abelardo.
ABEL.- ¡Qué horrible historia de horror!  
ELOÍSA.- (SIEMPRE ENSOÑADORA). .Sí, es una triste historia. Pero al menos reposan juntos en el cementerio...
ABEL.- Por si te apetece, allí tienes uno bien grande.
ELOÍSA.- El Pére Lachaise de París.
ABEL.- El Angel de Lima.
ELOÍSA.- Las estatuas de ambos amantes están tendidas de espaldas sobre el mármol, tomadas de la mano.
ABEL.- Falso.  Me acuerdo perfectamente que yacen bien apartados uno de la otra y con las manos así. (JUNTA SUS MANOS COMO EN ORACIÓN).
ELOÍSA.- (SIN HACERLE CASO). ¡Con las manos juntas sobre el mármol! Lloré junto a ellos en nuestra luna de miel...
ABEL.- Cierto que esa luna de miel fue como para llorar.
ELOÏSA.- Mientras tú bostezabas mirando la hora.
ABEL.- Linda diversión. Como si a París se fuera todos los días. ¿Y para ver qué? ¡Museos y cementerios! Realmente draculeano.
ELOÍSA.- ¡Claro! Tú solo querías estar metido en cabarets mirando mujeres desnudas.
ABEL.- Lógico, pues. ¡Vida!
ELOÍSA.- (CON SONRISA PICARESCA). Y sin embargo yo... (SE DETIENE).
ABEL.- Tú, ¿qué?
ELOÍSA.- Tuve grandes facultades de artista. En el colegio participaba en todas las veladas musicales. Cantaba lindo. Bailaba... Debí haber desarrollado mis condiciones... ¡Aún es tiempo! ¿Por qué no? Todavía podría llegar a ser una actriz, una cantante...y hasta una vedette famosa. (BRUSCO CAMBIO DE ILUMINACIÓN. SE ESCUCHAN APLAUSOS. ABEL, COMO MAESTRO DE CEREMONIAS, AVANZA HACIA EL PÚBLICO).
ABEL.- ¡Señoras y señores; aquí está ella al fin! Esta noche extraordinaria tendremos el privilegio de ver y escuchar a la estrella que deslumbra al mundo entero, al orbe en toda su magnitud. Que vuestros aplausos hagan remecer este local, con terremoto grado 9, porque viene, arrolladora como un cáncer, la sin par... ¡Eloísa! (OVACIÓN. AVANZA ELOÍSA RUTILANTE).
ELOÍSA.- Merci, merci...
ABEL.- Eloísa viene directamente de Las Vegas y, como todos sabemos, es estrella exclusiva del Lido de París. ¡Con Uds. Eloísa la única, la inenarrable, la inconcebible..! (IRRUMPE LA MÚSICA Y ELOÍSA CANTA Y BAILA. NO LO HACE MAL. CONCLUYE CON LOS BRAZOS TRIUNFALMENTE EN ALTO. OVACIÓN). ¡Extraordinario, sensacional, galáctico! Eloísa es lo máximo.  Pero aun les tenemos una gran sorpresa. La multifacética Eloísa incursiona también en los edénicos campos del folklore.
ELOÍSA.- ¡No! ¡Del folklore, jamás! (VUELVE LA ILUMINACIÓN NORMAL). Sobre todo si es maltratado por rubias teñidas. (SE QUITA LA PELUCA Y LA ARROJA SOBRE LA MESA).
ABEL.- ¿Qué te pasa?
ELOÍSA.- Sé perfectamente lo de esa mujer.
ABEL.-  ¿Cuál?
ELOÍSA.- En el fondo poco  importa. Lo que me duele de veras...
ABEL.- Es que haya olvidado tu cumpleaños, ¿verdad? Perdona, pero… ¿no es en noviembre?
ELOÍSA.- No se trata de mi cumpleaños.
ABEL.-  ¿Entonces?
ELOÍSA.- Es “nuestro” cumpleaños.
ABEL.- ¿Cómo que nuestro?
ELOÍSA.- El aniversario de una pareja... que fue. Hace ya largos años, una joven vestida de blanco salía de la iglesia del brazo de on hombre que la miraba con adoración. Ambos desbordaban de vida…de amor. ..que se habían jurado ante Dios...
ABEL.- Y el Registro Civil. Happy end. ¡Telón!
ELOÍSA.- ¡Imbécil!
ABEL.- Qué manera de pasar el tiempo, ¿no? Sucedió a las diez y media de la mañana, si mal no recuerdo... Y mira: justo es la hora. (SE LE ACERCA CON INTENCIÓN DE ABRAZARLA).
ELOÍSA.- (ESQUIVÁNDOLO). ¿Qué quieres?
ABEL.- Felicitarte, pues. Darte un beso.
ELOÍSA.- ¿Beso? ¿Después de la traición? ¡Judas!
ABEL.-  Al menos Judas tuvo su buena última cena y no el desayuno de presos que me diste.
ELOÍSA.- Esas han sido siempre tus reacciones: escapar por la vía del chiste.
ABEL.-  Otros lo hacen por la Vía Appia o por la vía urinaria. Pero tú te evades por medio de la fantasía desatada.  Y malsana, además.
ELOÍSA.- A nadie hago daño.
ABEL.- Te lo haces a ti misma y a los que te rodean, porque no pones los pies sobre la tierra. No enfrentas la realidad.
ELOÍSA.-  ¿Esta realidad? Más vale no verla. (SE SIENTA SOMBRÍAMENTE).
ABEL.- ¿De qué te quejas? Después de todo no la hemos pasado tan mal. Comprendo que estés molesta porque olvidé el aniversario.
ELOÍSA.- No lo recordaste por tener la cabeza en otra parte.
ABEL.- ¿Como Luis XVI?
ELOÍSA.- Porque eres un egoísta que sólo piensa en sus goces groseros. ¿Qué soy yo para ti, dime?  Un mueble…  Una sirvienta sin sueldo…
ABEL.- Primer día que estás sin empleada y hablas.
ELOÍSA.- Una esclava que debe mantener todo impecable...Hacer la comida...
ABEL.- Para qué botaste a  Luisa, pues
ELOÍSA.- Criar a los niños...
ABEL.- ¿Cuáles niños?
ELOÍSA.- Los niños... Esos que no llegaron.
ABEL.- ¡Ah!
ELOÍSA.- Y luego la esclava tiene que esperar sonriente al marido, toda dulzura y sensualidad... ¡Siempre lista!
ABEL.- Sagaz argumento de telenovela.
ELOÍSA.- Con la prohibición absoluta de hablarle de cosas desagradables, como cuentas y obligaciones.  Mucho menos sobre desencantos y  esperanzas perdidas…
ABEL.- Estás neurótica, Eloísa. ¿Por qué no vas al médico?
ELOÍSA.- Pero ya no pienso seguir  guardando una fidelidad que no es apreciada.
RAÚL.- ¡Caramba! ¿Te vas a lanzar al arroyo? Mejor hazlo del puente Villena. ¿O piensas laborar de viuda alegre? Espera, que para ello falta mucho todavía.
ELOÍSA.- No tanto si sigues consumiendo antibióticos. Quieres hacer el Don Juan, intentas convencerte de tu virilidad... ¡conquistando mujerzuelas!
ABEL.- Desahoga tu bilis cuando estés sola. Yo no te voy a responder diciendo, por ejemplo, que tu amargura se debe a tu incapacidad de ser madre.
ELOÍSA.- ¡Cómo te atreves a hablarme así, desgraciado! ¡Que no fui capaz..! Si no llegué a  ser madre fue sólo por serte fiel. Lamentablemente no pude concebir por mediación del Espíritu Santo.
ABEL.- ¿Lo dices por la edad? Porque si es por el escaso, por no decir nulo acercamiento conyugal...o conjugal, no lo atribuyas a fallas hormonales de mi parte. (SE DIRIGE A LA COCINA).
ELOÍSA.- ¿Es falla mía, entonces? ¡No te vayas, aclaremos esto! Como siempre, lanzas la piedra y te escondes, cobarde. (ËL SALE).  ¡Qué enferma me siento, por Dios! (SE ASEGURA QUE ÉL ESTÁ EN LA COCINA Y LUEGO VA HACIA EL LIBRERO DE DONDE SACA UNA BOTELLA ESCONDIDA TRÁS DE LOS LIBROS. RÁPIDAMENTE SE SIRVE UN TRAGO Y VUELVE A ESCONDER LA BOTELLA). ¡Qué basura de tipo! ¡Decir que yo..! (EN VOZ ALTA).  Nunca quisiste examinarte. En cambio yo si lo hice. Y el médico me encontró totalmente apta para la maternidad. ¿De quién fue la culpa, entonces? ¡Cuánto recé, cuántas velas encendí a San Ramón Nonato para que te hiciera el milagro! ¿Pero qué podía hacer el pobre santo? No podía sacar fruta del desierto. (APARECE ABEL CON UN RAMO DE ROSAS).
ABEL.- ¿Y esta fruta de dónde salió?
ELOÍSA.-  Dame las flores. (LE ARREBATA EL RAMO). ¿Las enviaste tú? (SACA UNA TARJETA PRENDIDA AL RAMO). ¡Qué ibas a ser capaz de un gesto así!
ABEL.- Después te quejas de que no alcanza la plata. ¡Claro, si hasta la botas en flores!
ELOÍSA.- ¿Crees que yo las compré?
ABEL.- ¿No? ¡Ah! Entonces te las enviaron.
ELOÍSA.- Brillante deducción, Watson. Cada día más inteligente.
ABEL.- Déjame ver la tarjeta.
ELOÍSA.- (RETIRANDO EL RAMO). No. (EL SE CLAVA CON UNA ESPINA).
ABEL.- ¡Ay, me clavaste! ¿Las mandó tu mamá, por el aniversario? (ELLA LO MIRA CON LÁSTIMA) ¿Quién, entonces? (TEATRAL). Por ventura... ¿un amigo? ¿El mismo que te envió hace poco el ramo de claveles? (ELLA SE ENCOGE DE HOMBROS). ¡Pobre! Debe  ser ciego de nacimiento.
ELOÍSA.- Hay ciegos de sentimiento y eso sí que es bien triste. (TARAREANDO COLOCA LAS ROSAS EN UN JARRÓN).
ABEL.- ¿Se trata de un joven alto, rubio y de ojos azules?
ELOÍSA.- Ni joven ni alto.
ABEL.- Chico y viejo,  entonces.
ELOÍSA.- Y sus ojos son color del destino.
ABEL.-  Si fueran del mío serían rosados. ¡Qué parecerá el tipo con ojos rosados como conejo! ¿Y dónde conociste al amigo albino?
ELOÍSA.- ¿Albino?
ABEL.- Al conejo, pues. ¿Algún vecino?
ELOÍSA.- Sabes que no alterno con la gente del barrio.
ABEL.- Claro, son gente tan estirada. (ELLA LO MIRA PERPLEJA. ÉL SEÑALA HACIA EL PÚBLICO, ES DECIR AL CEMENTERIO). Como sales poco, entonces debe ser un vendedor de coladores que va de casa en casa.. O quizá el cartero. (ELLA RÍE CANTARINAMENTE) ¿Quién más aparece por aquí? ¡Ah, claro! Un evangélico… mormón o pentecostal... (PARODIA). ¡Aleluya, hermana! ¡El Juicio Final se acerca!
ELOÍSA.- Eres un payaso barato y sin gracia.
ABEL.- ¡Miren quién habla de payaso! La que urde una comedia grotesca. Vamos, termina con la farsa que me cansé del jueguito. Las flores tienen olor a muerto. ¿Las robaste de una tumba? 
ELOÍSA.- ¡Y a mí me tratas de loca!
ABEL.- ¡Flores con tarjetita y todo! ¡Ah, y también las cartas, por supuesto! Esas cartas apasionadas que te llegan misteriosamente.
ELOÍSA.- ¡Abelardo!
ABEL.- ¡Abel, caramba! Lástima que con tus mismas faltas de ortografía.
ELOÍSA.- ¿Has estado hurgando en  mis cosas?
ABEL.- Las escondes bien a la vista para que no tenga más remedio que leerlas. (ABRE EL CAJÓN DE LA MESITA DONDE ESTÁ EL TELÉFONO Y SACA UNA CARTA). Como ésta.
ELOÍSA.- ¡Ahí estaba..! (CORRE A ARREBATÁRSELA). Dame esa carta. (ËL LA ELUDE). Devuélvemela o no te hablaré en mi vida.
ABEL.- ¿De veras? Pero cumple tu palabra, ¿eh?
ELOÍSA.- ¡Dámela! Eres el ser más vil que existe sobre la tierra.
ABEL.- Cálmate. Relájate. ¡Siéntate! (LA EMPUJA AL SOFÁ).
ELOÍSA.- ¡Si lees esa carta...!
ABEL.- Como si no supieras que tenía que leerla. Es divertida, para qué. Pero te aconsejo que sigas un curso de italiano elemental. (ELOÍSA SE PONE A LLORAR). No es para tanto, oye. (LEE). “Carísima”. ¿Cuánto, ah? “Io no poso vívere dunque conochiute”. Per la madona con el dialecto eloístico. “La forza del destino...” ¿No es ópera de Verdi? ...”impede que ío posa mostrare tuto l’amore que colma la mía vita. Sempre tuyo: Leone”. (ELOÍSA LE ARREBATA LA CARTA). ¡Qué  italiano para macarrónico! Mejor dicho: espaguético.
ELOÍSA.- No me explico cómo he podido vivir tantos años contigo.
ABEL.- Fíjate que  tengo el mismo dilema.
ELOÍSA.- Con un patán que no vale nada.
ABEL.- ¡Leone! ¡Qué tal nombrecito! Hubo un ministro italiano, creo...que se llamaba así. ¿O es el leone de la Metro?
ELOÍSA.- Estúpido.
ABEL.- Habla bien, di: stuppido.
ELOÍSA.- Sería indigno de mí inventar algo tan ridículo ¿Además, para qué? ¿Para darte celos? ¡Qué esperanza! ¿Para intentar salvar nuestra relación? Te das demasiada importancia. Ambos sabemos que lo nuestro no es más que una farsa... o tragedia, depende de cómo se mire. Algo tan común: la rutina de un matrimonio vacío. Como también sabemos que llegamos al final, ¿no es cierto? Tú no me amas. Yo a ti tampoco….  Nuestro matrimonio se ha convertido en un infierno. Tú buscas un escape, una liberación. Muy bien. ¿No es justo que yo tenga también el mismo derecho?
ABEL.- Momentito. Quieres decir...Me quieres hacer creer  que lo del italiano... ¿es cierto?
ELOÍSA.- Piensa lo que te dé la gana. (SE VA AL DORMITORIO. ABEL, DESCONCERTADO, BUSCA CIGARRILLOS EN SUS BOLSILLOS).
ABEL.- ¿Cómo hiciste para conquistarlo? ¿Le regalaste tu libro de poemas? No, se habría escapado corriendo. (ENCUENTRA LA CAJETILLA VACÍA. CONSIDERA LA HORA Y MIRA EL TELÉFONO). Falta hora y media y todavía no se lo digo. (ELOÍSA SALE DEL DORMITORIO Y RECOGE EL SERVICIO DEL DESAYUNO, PONIÉNDOLO EN UNA BANDEJA). Eloísa. Suponiendo..., sólo suponiendo, ¿eh?, que fuese cierto. ¿Cuándo conociste a la pantera...quiero decir, al tal Leone.
ELOÍSA.- No quiero hablar más del asunto. (LLEVA LA BANDEJA A LA COCINA).
ABEL.-  Tengo algo que decirte. Algo muy urgente. (VUELVE  ELOÍSA). Siéntate. Aclaremos esta situación de una vez para siempre. (SE SIENTAN FRENTE A FRENTE). Pongamos las cartas sobre la mesa,  ¿estás dispuesta? (ELLA AFIRMA. ABEL MIRA SU RELOJ). El alud está a punto de precipitarse.
ELOÍSA.- Muy bien, hablemos con total sinceridad, ¿de acuerdo?
ABEL.- Eso. Sin ocultar nada bajo la manga. ¿Estás lista? (ELLA AFIRMA. SE MIRAN FIJAMENTE). (SI SE DESEA, AQUÍ PUEDE HACERSE UN INTERMEDIO). Comienza, pues.
ELOÍSA.- ¿Por qué yo?
ABEL.-  Las damas primero.
ELOÍSA.-  Déjate de cortesías. Tú comienzas.
ABEL.- Desde niño me enseñaron respetar a la persona mayor. (ELOÍSA SE LEVANTA AIRADA). ¡No, no, siéntate por favor!
ELOÍSA.- Prometiste no decir pesadeces.
ABEL.- Ya, está bien. No volverá a suceder. (ELOÍSA SE SIENTA Y LO MIRA FIJAMENTE). Bueno, Eloísa... En primer lugar quiero decir...Mejor dicho, debo decirte... ¿Por qué me miras así?
ELOÍSA.- Te estoy escuchando.
ABEL.- ¿Me quieres hipnotizar?
ELOÍSA.- Habla de una vez.
ABEL.- Hace un momento dijiste una gran verdad. Nuestro matrimonio fracasó. Cabría preguntarse qué matrimonio no fracasa, pero ese no es el punto. El caso es que sólo la ley del menor esfuerzo, el miedo a los cambios o qué sé yo... nos tiene viviendo juntos hasta hoy. Pero está claro que esta situación ha llegado a... (SU VOZ SE VA APAGANDO. CAMBIO DE ILUMINACIÓN. ELOÍSA SE INCORPORA LENTAMENTE Y HACE EXTRAÑOS SIGNOS CABALÍSTICOS, MIENTRAS MURMURA CON VOZ DE ULTRATUMBA:)         
ELOÍSA.- ¡Abracadabra! ¡Abracadabra, pata de cabra! Que venga  que venga que nadie lo detenga... Que corra que corra que nadie lo socorra... ¡Abelardo, tu voluntad me pertenece! ¡Levántate y anda! (ABEL OBEDECE INEXPRESIVO). ¡Estás en mi poder! Contesta: ¿ a quién obedecerás de aquí en adelante?
ABEL.- (CON VOZ MONÓTONA). A ti.
ELOÍSA.- Muy bien.
ABEL.- A ti...no.
ELOÍSA.- ¿Te rebelas, miserable?
ABEL.- No…Sí.
ELOÍSA.- Recibirás el castigo que mereces. Vuelve atrás en el tiempo y recuerda tu anterior reencarnación. ¿Qué fuiste?
ABEL.- Un sapo.
ELOÍSA.- ¿Sapo?
ABEL.- Un sapo grande, verde y hermoso.
ELOÍSA.- Pues volverás  a ese estado. A menos que... digas que perteneces solamente a mí.
ABEL.- Prefiero ser sapo.
ELOÍSA.- Muy bien, pero después no te arrepientas. (HACE SIGNOS CABALÍSTICOS). ¡Abracadabra! ¡Abracanapo! ¡Sin más tramiteo conviértete en sapo! (ABEL TOMA LA POSICIÓN MÍMICA DE UN GRAN SAPO). ¡Ajá! Así estás muy bien  Aunque no te ves muy  diferente, que digamos. ¿Te sientes cómodo así?
ABEL.- Croc.
ELOÍSA.- ¿Por qué no? Ya no podrás salir a la calle. Permanecerás todo el tiempo en el departamento.
ABEL.- Croc.
ELOÍSA.- Te aseguro que vas a sentirte feliz. Te pondré en el lavaplatos... No, mejor en el baño, y serás un sapo dichoso,
ABEL.- Croc.
ELOÍSA.- ¿O prefieres que te instale aquí mismo una charca? Con bastante barro... Con harta mugre para que te sientas a gusto... También con antibióticos, si quieres. Yo veré televisión y tú me contemplarás extasiado.
ABEL.- Croc.
ELOÍSA.- ¿Tampoco? Eres un sapo muy inconformista. ¿Qué más puedo hacer por ti? ¿O acaso prefieres...volver a ser hombre?
ABEL.- Cric.
ELOÍSA.- ¡Ah, eso querías!
ABEL.- Cric, cric.
ELOÍSA.- ¿Tú crees que es fácil ser hombre? No, sapito. Hay que ganarse el derecho a serlo.
ABEL.- Cric.
ELOÍSA.- Podría hacerte volver a tu forma humana, pero con una condición: ¿quieres saber cuál?
ABEL.- Cric, cric.
ELOÍSA.- Que me seas fiel. ¿Aceptas?
ABEL.- Cric.
ELOÍSA.- ¿Completamente fiel?
ABEL.- Croc.         
ELOÍSA.- ¿Cómo?
ABEL.- Cric.
ELOÍSA.- ¿Lo juras?
ABEL.- Cric, cric.
ELOÍSA.- ¡Ah! Pero si llegas a faltar a tu palabra te convertiré nuevamente en sapo. ¡No! En algo peor: en rata de alcantarilla. (HACE SIGNOS CABALÍSTICOS). Y así como la muchachita desencantó al príncipe con un beso... (BESA A ABEL QUE SE EXTREMECE COMO SI LE DIERA INFARTO, ADQUIERE VERTICALIDAD Y SE SIENTA DONDE ESTABA INICIALMENTE. TAMBIÉN LO HACE ELOÍSA. LA ILUMINACIÓN VUELVE A LA NORMALIDAD). Y vivieron felices para siempre.
ABEL.- ¿Me vas a poner atención o no?
ELOÍSA.- Te estoy escuchando.
ABEL.- No es cierto
ELOÍSA.- ¿Qué dijiste?
ABEL.- Todo, mientras tú viajabas por el limbo. Te toca a ti.
ELOÍSA.- ¿A mí? ¿Por qué?
ABEL.- Cumple tu palabra y confiésalo todo.
ELOÍSA.- Estás haciendo trampa, como siempre.  Tú no contaste lo tuyo.
ABEL.- Lo hice con lujo de detalles y no voy a repetirlo. ¿Qué pasa? ¿Te falta combustible para seguir fantaseando? Si fuera cierto lo del… amiguito... Hasta me alegraría, te diré.
ELOÍSA.- ¿Aliviaría tu sucia conciencia?
ABEL.- La tengo como de recién nacido. ¡Enamorado italiano..! ¿Quién se tragaría semejante píldora?
ELOÍSA.- Nadie te obliga a que lo creas. (SE LEVANTA). Voy a terminar de arreglarme.
ABEL.- Estamos en el juego de la verdad. No huyas ahora tú, que es lo que siempre me reprochas.
ELOÍSA.- ¿Para qué perder tiempo? Acuérdate que hay que ir donde mamá. ¿O no tienes hambre?
ABEL.- Quedamos en que primero hay que aclararlo todo. Contesta sin evasivas: ¿Dónde lo conociste?
ELOÍSA.- ¿A quién?
ABEL.- Al engendro que creaste....
ELOÍSA.-  Es mucho más real que tú.
ABEL.-  ¿Dónde fue?
ELOÍSA.- Bueno...por ahí.
ABEL.- ¡Qué respuesta tan precisa! ¿En un bus? ¿En el cine? ¿En una mina de cobre? ¿En una desmotadora de algodón hidrófilo? (ELOÍSA VA HACIA EL DORMITORIO. EN LA PUERTA SE VUELVE).
ELOÍSA.- Fue en el Cusco.
ABEL.-  ¡En el Cusco., nada menos!
ELOÍSA.- Concretamente: en Machu Pichu
ABEL.- (RIENDO).¡Qué pobre imaginación! ¿Cuándo has estado allá? Si hubieras dicho siquiera el monte Everest…
ELOÍSA.- Estuve en  Cusco el invierno pasado. O no te acuerdas o no te diste  cuenta. Fue cuando el médico lo sugirió para salir del stress en que estaba....
ABEL.- Ah, sí, ahora recuerdo. Todo un mes de turista, mientras que yo...
ELOÍSA.- Apenas una semana.
ABEL.- ¿Te parece poco? Ahí se evaporó todo mi sueldo.
ELOÍSA.- Mamá pagó mi pasaje y estadía.
ABEL.- De manera que aprovechaste  el Cusco para ir de órgia en órgia como mariposa loca. (INTENCIONADO). Mejor dicho: ebria.
ELOÍSA.- Siempre estuve sola. No busqué la oportunidad, si a eso te refieres.
ABEL.- (LA COGE DE UN BRAZO Y LA LLEVA AL SOFÁ). Vamos, cuéntamelo todo.
ELOÍSA.- Nunca he andado en busca de aventuras fáciles.
ABEL.- ¡Ajá! Entonces apareció en Machupicchu el susodicho.
ELOÍSA.- Leone. Descendía  por una escalinata de piedra.
ABEL.- ¡Igualito  que dios del Olimpo!
ELOÍSA.-  Me llamó la atención su aire distinguido.
ELOÍSA.- La tarde era bellísima.. Hacía calor... Había algo extraño en el aire…algo así como ansias de vivir... Yo estaba sentada en una roca contemplando esas ruinas maravillosas... (CAMBIO DE ILUMINACIÓN. ELOÍSA SE SIENTA EN EL BRAZO DE UN SILLÓN. ABEL SE RETIRA DEL CAMPO DE LUZ Y APARECERÁ COMO LEONE, CON EL SIMPLE ADITAMENTO DE UN BIGOTE Y UN MARCO DE ANTEOJOS. SE ESCUCHA A LO LEJOS SONIDOS DE QUENAS). Largo rato estuve distraída pensando en la grandeza del Imperio incaico que había sido capaz de crear tal maravilla.  A la vez soñaba con encontrar algo…o alguien…no sé… ¡Pero qué iba a imaginar que mi sueño se iba a convertir en realidad! (APARECE LEONE. LA CONTEMPLA UN MOMENTO Y LUEGO SE LE ACERCA. NOTA: LA ABSURDA JERGA ITALIANIZANTE QUE HABLA LEONE  SE TRANSCRIBE SEGÚN LA PRONUNCIACIÓN CASTELLANA).
LEONE.- Excusi.
ELOÍSA.- ¡Oh!
LEONE.- No asustare per favore. Sólo una parola, siñorina. Ío...bene, ío so italiano... turinese… un estranieri in cuesto paese, que no parla la lingua españuola.
ELOÍSA.- Le entiendo muy  bien, señor.
LEONE.- Molto yentile. ¿No molestare, siñorina?
ELOÍSA.- Señora.
LEONE.- ¿Veramente? Lástima.
ELOÍSA.- ¿Por qué?
LEONE.- Perque ío busco... Ma, come dechirle... (ELOÍSA LO MIRA CON SEVERIDAD). ¿Dove... come se va per il  Inti…¿cóme si lliama il reloje solare?
ELOÍSA.- ¿Intihuatana?
LEONE.- ¡Eco!
ELOÍSA.- Vaya por este lado, ascienda la escalinata y ya está.
LEONE.- ¡Oh, gratzie tante! E novamente excusi.
ELOÍSA.- No tiene de qué. (LEONE SE INCLINA Y CAMINA UNOS PASOS. LUEGO REGRESA).
LEONE.- Prego, siñora. No tomare per un desfachiato, ma... ¿permete que le fare compañía?
ELOÍSA.- ¡Señor!
LEONE.- No confundire, prego. Io no so un mascalzone, un Casanova, Io so industriale de Torino. Leone di Mazzo, per servírsela…dico, servirla. Io estoy in cuesto paese per negotzio. FIAT, ¿coñócere? Automóbile e camione.
ELOÍSA.- Sí, pero prefiero los Toyota.
LEONE.- ¡Ma no, siñora mía! Toyota e molto inferiore. Pura lata. En cambio le FIAT... ¡qué meraviglia! Tuta calitá. Suave, cómodo, artístico, excuisito.
ELOÍSA.- Disculpe, por ahora no puedo comprar.
LEONE.- ¡Oh, excusi novamente! E asurda cuesta converzacione. Lei comprende...La rutina del negotzio... Sólo quereba dechirle que le míe intenzione e asolutamente honesta.
ELOÍSA.- Está bien, señor...
LEONE.- ¡Leone! Leone di Mazzo.
ELOÍSA.- Encantada. (ÉL LE BESA LA MANO)
LEONE.- E lei, ¿cóme si chiama?
ELOÍSA.- Eloísa.
LEONE.- ¿Eloísa? ¡Ma no! ¡Qué beletza! ¡Eloísa..! Come un poema de Bocachio. Clásico. ¡Veramente clásico!
ELOÍSA.- ¿De veras le gusta?
LEONE.- Chertamente. E un nome eufónico. Come una catarata esparchiendo l’acua en la cándida arena.
ELOÍSA.- ¡Si oyera esto Abelardo, que encuentra tan horrible mi nombre!
LEONE.- ¿Abelardo? ¿Qui e Abelardo?
ELOÍSA.- Mi esposo.
LEONE.- ¡Feliche mortale!  Feliche qui yunto a te sospira,
                                             qui oye il eco de vostra voche sonora,
                                             qui il halaco de la tua risa adora
                                             e il blando aroma del tuo aliento aspira.
ELOÍSA.- ¡Oh! ¿Es Ud.  poeta!
LEONE.- No pretendo tale. Ma ío adoro la poesía.
ELOÍSA.- Igual que yo.
LEONE.- ¿Vero? ¡Bravísimo! ¡Meraviglioso! Un alma yemela. Excusi. ¿Dico Abelardo?  E lei: Eloísa. Abelardo e Eloísa. Me suona molto... ¿No e un filme de Antonioni?
ELOÍSA.- Fue una pareja de amantes de la Edad Media. Tan famosa como Romeo y Julieta, con la diferencia de que existieron realmente y no eran de ficción.
LEONE.- ¡Ah, chertamente! Come Dante e Beatriche, Laura e Bocachio, Tacna e Arica... ¿E dove e Abelardo?
ELOÍSA.- En Lima.
LEONE.- ¡Ah, bene!
ELOÍSA.- Pero tal vez venga a buscarme.
LEONE. (DECEPCIONADO). Interesante.
ELOÍSA.- Cuando nos casamos fuimos de luna de miel a Europa y estuvimos también en su país.
LEONE.- ¿Vero?
ELOÍSA.-  Me encantó Roma...Florencia... Nápoles...
LEONE.- Excusi...Si lei quisiera... ¿Podévere actuare de chicherone?
ELOÍSA.- ¿Chicharrone?
LEONE.- Per mostrarmi cuesto paese...lei capiche, in grata compañía. Io solo, sine compromiso...¡Ma no pensare que..! No. chertamente lei e una dama. E ïo un cavaglieri. Le parlo come un amico... Come un fratelo...Respetuosamente. En il Cusco ío hospedo in Hotele  Monasterio. (JOCOSO). Sin ser prete ni cura, per cherto.
ELOÍSA.- Disculpe, señor. Se ha hecho tarde y debo irme.
LEONE.- ¿Lei e ofendeta?
ELOÍSA.- Aprecio su invitación, pero... ¿Cómo es aquello de la mujer del César?
LEONE.- ¿Cuále Chésare?
ELOÍSA.-  Ah, sí. Que la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino parecerlo.
LEONE.- Cherto
ELOÍSA.- Claro que hay lugares…como éste… que  predisponen  a entablar amistad...
LEONE.- Veramente. La montaña verde…Il aire fredo e puro…Il sole caldo…Tuto e come una renovazione, un llamato per l’amore...
ELOÍSA.- Puede ser, pero hay personas, como yo, a quien repugnan las aventuras.
LEONE.- ¿Aventura? Lamento sincheramente que lei creyera... Va bene... Escusi tante. (INCLINA LA CABEZA Y DESAPARECE).
ELOÍSA.- ¡Qué extraño! Justo cuando ensoñaba...se presenta un caballero de gentil figura. Está solo al igual que yo. ¿Qué habría de malo en..? ¡Pero qué digo! Nunca podría... (VUELVE LA ILUMINACIÓN A LA NORMALIDAD)
ABEL.- (RIENDO). ¡Qué  telenovela más huachafa! ¡Leone di Mazzo! Parece anuncio de lencería. (SARCÁSTICO). ¿Será buen apellido?¿Y qué pasó después?
ELOÍSA.- Nada, por supuesto. ¿Qué esperabas?
ABEL.- Algo con más acción.
ELOÍSA.- En aquella ocasión no pasó nada.
ABEL.- ¿Después, sí?
ELOÍSA.- Basta, no quiero seguir con esto. Me siento enferma. No tengo ánimo para nada.
ABEL.- (INTENCIONADO). ¿Necesitas el remedio?
ELOÍSA.- ¿Cuál?
ABEL.- Bueno...analgésico... un reconstituyente...
ELOÍSA.- Sólo quiero que me dejen en paz.
ABEL.- Cuéntame lo que pasó después, no seas mala.
ELOÍSA.- Para qué, si no me crees.
ABEL.- ¿Tienes cigarrillos?
ELOÍSA.- Sabes que no fumo.
ABEL.- ¡Mi reino por un cigarro! (PARA SÍ). ¡Carajo! Falta menos de una hora y todavía no se lo digo
ELOÍSA.- ¿Qué cosa? ¿Decirme qué?
ABEL.- Nada, nada.
ELOÍSA.- Estás tenso ¿Te puso nervioso el teleteatro?
ABEL.- ¿Con ese argumento tan ramplón y sin gracia? Voy a bajar a comprar cigarros y cerveza. ¿Quieres una? ¡Ah, verdad que no fumas…ni bebes! ¿No es así? ¿Qué haces, entonces? ¿El amor? (SALE RIENDO).
ELOÍSA.- (AMARGAMENTE). ¡El amor..! (SE DIRIGE AL DORMITORIO. A LA PASADA, VE EL RAMO DE ROSAS, SACA UNA Y LA HUELE PENSATIVA). ¡Leone..! Tan fugaz...Pudo haber sido...Pero nunca por despecho. (SUENA EL TELÉFONO). ¿Aló? Si. No está. ¿Quién habla? ¡Espere, no corte! Es la...Gloria, ¿verdad? (BOTA LA ROSA). ¡Cómo no la voy a conocer, señora! ¿O señorita? Abelard...Abel, no me oculta nada. Me alegro que haya llamado porque tengo algo que decirle. (ESCUCHA). No, no ha hablado conmigo. ¿De qué? (ESCUCHA). ¿Que no sabes qué hora es? Son las once y media. ¿Para eso llamaste? ¿Ni siquiera te ha comprado un reloj? (ESCUCHA). A ti debe divertirte mucho el asunto. Claro, te tocó la parte bonita. En cambio a mí el ingrato papel de esposa. Tú siempre has tenido al galán en su aspecto positivo. Qué sabes del mal humor, de las cuentas, de las groserías... todo aquello que va deteriorando la relación. Las largas tardes aburridas... Los terribles días Domingo... (ESCUCHA). ¡Qué vulgar eres! Sigue engatusándolo, a ver cuánto te dura. (ESCUCHA). ¿Decirme qué.? (ESCUCHA). ¿Irse?  (SU ROSTRO SE DEMUDA). Oye, grandísima sinvergüenza, ¿Por qué no te buscas alguien más joven? No vayas a pensar que te estoy rogando. ¡Allá él! No seré yo quien lo detenga. (CUELGA EL FONO. PERMANECE UN MOMENTO COMO GOLPEADA. LUEGO VA HACIA EL ESCONDITE DONDE TIENE LA BOTELLA Y BEBE TRAGO). Toda una vida ha pasado….  ¿Qué se ha creído el par de cerdos?  Esto no va a quedar así. De mí no se ríe nadie. ¿Qué hacer..? ¿A quién acudir? (BEBE OTRO TRAGO). Si Leone estuviera aquí... (RECOGE LA ROSA. SU ROSTRO SE ILUMINA). ¿Y quién dice que no está?  (VA HACIA EL TELÉFONO Y MARCA).Aló, ¿Bodega Venecia? ¿Don Giuseppe? ¡Cómo está, don Giuseppe! Le habla la señora Eloísa. (ESCUCHA). No, no es por la cuentecita. En cuatro días más quedará cancelada, se lo prometo. Tampoco voy a pedirle nada al fiado, es otra cosa. Escuche.  En un ratito más llame a mi departamento, por favor. Se acuerda del número, ¿no? (ESCUCHA). Si, es para...pedirle la receta de la pizza napolitana. (ESCUCHA). Ahorita no, mejor cuando me llame. Y le prometo que el jueves sin falta le cancelo todo. Pero no se vaya a olvidar, don Giuseppe. Dentro de un cuarto de hora, más o menos. Gracias. Hasta lueguito. (CUELGA). Veremos qué pasa. Es tan ingenuo el recurso que puede engañar a Abel, que se las da de vivazo. (HUELE LA ROSA Y LA METE JUNTO A LAS OTRÁS. SE MIRA EN UN ESPEJO). Todavía estoy… bien, digamos. No hay rollos notables y las arruguitas son más patas de pollo que de gallo. La cosa es no reírse mucho. Aun no necesito bisturí. Y haciendo aeróbicos quedaré perfecta. (HABLA AL SILLÓN DE ABEL). ¿Acaso crees que trato de retenerte? (SE SIRVE UN TRAGO). Lo que hago es por tu bien. Esa tipeja te aniquilará en corto tiempo. Así pagarás todas las que me has hecho. (SE VUELVE A MIRAR AL ESPEJO). ¡Qué horrible es envejecer sola..! ¡Sin un hijo que sirva de consuelo, de..! (ESTÁ A PUNTO DE SERVIRSE OTRO TRAGO, PERO OYE QUE VIENE ABEL Y ESCONDE RÁPIDAMENTE LA BOTELLA TRAS LOS LIBROS. ENTRA ABEL ACEZANDO. TRAE UN PAR DE BOTELLAS DE CERVEZA Y VIENE FUMANDO).
ABEL.-  Vivir en un quinto piso, sin ascensor, va a terminar por darme infarto.
ELOÍSA.- ¿No será por lo que fumas,  bebes y todo lo demás? ¿Cómo decías que no tenías plata?
ABEL.- Para los pequeños vicios nunca falta.
ELOÍSA.- ¿Tampoco para los de un metro sesenticinco?
ABEL.- ¿Cuáles?
ELOÍSA.- Esos de 90, 60, 90. Porque todas esas...damas, miden 90, 60, 90, son rubias teñidas,  huelen a perfume barato a una cuadra y usan lenguaje de camionero.
ABEL.- (SOBRESALTADO). ¿Llamó alguien?
ELOÍSA.- Tranquilízate. Para ti no ha habido llamadas.
ABEL.- ¿Para ti, sí?
ELOÍSA.- Tal vez. Convídame un poquito de cerveza. Me tenté.
ABEL.- (SIRVIÉNDOLE). Trata de no tentarte muy seguido... ¿Quién  llamó? ¿Leone?
ELOÍSA.- (PALADEANDO LA CERVEZA). Amarga, pero buena.
ABEL.- ¿No quieres un cigarrillo, también?
ELOÍSA.- Bueno. Nunca es tarde para probar nuevas sensaciones. (ËL LE ENCIENDE UN CIGARRILLO Y ELLA SE AHOGA CON EL HUMO). Decididamente no es para mí. Pero hay que experimentar. Así se le puede encontrar nuevo gusto a la vida.
ABEL.- ¿Gusto a Leone? ¡Qué asco! Volviendo al asunto, nunca me contaste nada de tu safari cusqueño.
ELOÍSA.- Tuve intención, te lo prometo. Hasta te llamé por teléfono a Lima, pero estabas más intratable que nunca. ¿Qué te había pasado?
ABEL.- No me acuerdo.
ELOÏSA.-  Provocaste una pelea sin sentido y colgaste el fono  Fue la gota que rebalsó el vaso. Esa misma noche fui al Hotel Monasterio  con la esperanza de encontrar a Leone.
ABEL.- ¡Caramba! Se te soltaron las trenzas.
ELOÍSA.- ¿Era mi culpa que te hubieses peleado con la tipeja? Y por favor no inventes explicaciones.
ABEL.- No pienso hacerlo.
ELOÍSA.- Sospechaba del asunto y estaba muy herida, con ganas de vengarme. Y el destino lo quiso... ¡porque Leone aun estaba en el Cusco y me esperaba!
ABEL.- (JOCOSO). ¡No me digas..!
ELOÍSA.- Como si todo hubiese sido trazado de antemano.
ABEL.- Qué curioso, ¿no?
ELOÍSA.- ¡Cuánto nos divertimos... (DA UNOS PASOS DE BAILE) bailando a la luz de la luna!
ABEL.- ¿Había apagón?
ELOÍSA.- Me parecía estar en el cielo. Horas después... No sé cómo... ¡Ay, qué vergüenza!
ABEL.- No digas más. Fuiste a parar en su habitación.
ELOÍSA.- ¿Cómo lo sabes? Debí estar mareada, porque de otro modo...
ABEL.- Estabas como siempre, no más.  Pero déjame a mí suponer lo que pasó,¿ya? (CAMBIO DE ILUMINACIÓN. ABEL DESAPARECE DEL CAMPO LUMÍNICO).
ELOÍSA.- Pese a mi estado de euforia, Leone en ningún momento trató de aprovecharse. Era tan gentil... ¡aunque tan apasionado! (APARECE LEONE COMO UN GALÁN DEL CINE MUDO).
LEONE.- ¡Cara mía!
ELOÍSA.- ¡Oh, Leone..! ¿Dónde estoy?
LEONE.- Con me, amata inmóvile.
ELOÍSA.- Pero... ¿Qué hago aquí?
LEONE.- Niente, amore. Cara Laura, Beatriche, Eloísa... ¡Clásico! Come la fontana de Trevi, come il Coloseo... ¡E ío so il obelisco!
ELOÍSA.- ¡Oh, no!
LEONE.- No disturbare, Leda. ¡Leda y el chisne! E ío so Júpiter qui te ama, Leda. L’Olimpo entero e per lei. Un bachio.
ELOÍSA.- Déjeme ir.
LEONE.- ¡Un bachito!
ELOÍSA.- ¿Qué se ha figurado? Yo soy casta
LEONE.- ¡Susana! Sí, casta Susana. Ma ío no vole mirarla come le vequio, ocultamente. No ¡A tuta luche! Admirare su caballería rusticana...
ELOÍSA.- Pórtese bien, Leone.
LEONE.- Sue dente de perle...
ELOÍSA.- Mi cuello de marfil y mis hombros de alabastro. Ya veo dónde conduce todo eso. ¡Basta, Leone, se acabó!
LEONE.- Il mío peto e un volcane, un Etna.
ELOÍSA.- Pero mi mente es el Huascarán. Frío, con nieves eternas... Nieves de fidelidad.
LEONE.- ¡Ma, morire conyelata!
ELOÍSA.- Lo prefiero.
LEONE.- No, perque la lava calda del mío Etna derrite la nieve e penetra...
ELOÍSA.- ¡Alto! ¡No, eso de ninguna manera!
LEONE.- Il suo honore e securo con me.
ELOÍSA.- Seguro que no si sigo aquí. ¡Déjeme y váyase, Leone!
LEONE.- Ma...e la mía habitazione... Mía e suya.
ELOÍSA.- Aunque sea su habitación, váyase. (LEONE SE RETIRA). Porque sean cuales sean las circunstancias, una no puede dejar de ser lo que una es. Y a pesar de que la ocasión... (LEONE SE TIENDE EN EL SOFÁ. ELOÍSA LO ACARICIA) se prestaba para caer en las peores locuras... ¡No! Cuando una tiene sólidos principios... no pueden salir a la superficie los salvajes instintos que Leone había despertado en mí. (ESTÁ PRÁCTICAMENTE ENCIMA DE LEONE).
LEONE.- ¡Per favore, Eloísa..!
ELOÍSA.- (BESÁNDOLO APASIONADA). ¡No, no y no! Nunca cederé. Le ruego, le suplico que me deje ir.
LEONE.- (MEDIO AHOGADO). Sí, sí...come no...
ELOÍSA.- ¿Acaso me cree de esas mujeres 60, 90, 60...quiero decir 90, 60, 90?
LEONE.- (APLASTADO, INTENTANDO ZAFARSE). ¡Per favore, Eloísa!
ELOÍSA.- Es inútil que insista. No trate de aprovecharse de su fuerza, de su virilidad.
LEONE.- ¡Le yuro que no!
ELOÍSA.- Entonces, déjeme...
LEONE.- (LOGRA DESASIRSE). Sí, sí, capisco He sido tropo fogoso, excusi.
ELOÍSA.- Imagino lo difícil que es controlar su exuberante temperamento latino.
LEONE.- Ma ío aguantare con dolore del mío cuore. (DESAPARECE PRESUROSO).
ELOÍSA.- ¡No! ¡Así no fue de ninguna manera! (VUELVE LA ILUMINACIÓN NORMAL). ¿Cómo se te ocurre algo tan grotesco? Todo lo  conviertes  en payasada. Estuve en su habitación, sí, no lo puedo negar. Pero no ocurrió ninguna morbosidad. (CAMBIO DE ILUMINACIÓN). Todo lo contrario. Fue algo alturado, puro y bello. Porque Leone se comportó como lo que es: un poeta. (APARECE LEONE).
LEONE.-  Eloísa,  ío te dareba
                 il mondo, il mare, il chelo, los espacios,
                 l’eternitá e il caos infinito
                 per sole un bachio de tus rosos labios.
ELOÍSA.-   No, Leone, Leone.
                   Déjame ya: de tu insistente ruego
                   contra la fuerza lucho, y todo en vano:
                   con el gran río voy al oceano;
                   no más, mi amor, porque si no me entrego.
                   Déjame ya.   (LEONE SE ALEJA Y DESAPARECE). Y me dejó ir. ¡Chiao, Leone! Porque es un hombre cabal, un caballero de aquellos que, desgraciadamente, ya no quedan… (VUELVE LA ILUMINACIÓN NORMAL. ABEL LA ESCUCHA PERPLEJO). Y yo,  pese al desamor y el olvido...siempre he sido, soy y seré una dama.
ABEL.- Una dama no se va a meter en la habitación de un hombre. Mucho menos en un hotel
ELOÍSA.- Quería vengarme.
ABEL.- ¿De que?
ELOÍSA.- ¿Todavía lo preguntas, cínico?
ABEL.- ¿Supones que voy a creer tu cuento?  Siempre usaste todo tipo de artimañas para despertar mi interés.
ELOÍSA.- Ni que fueras el último hombre sobre la tierra.
ABEL.- Te diré que antes hasta me gustaban tus cuentos, tus sueños...
ELOÍSA.- Eso se llama poesía.
ABEL.- Pero la nube fantasiosa que creas a tu alrededor  termina por hastiar, ¿sabes? Lo del Leone es un cuento. Te conozco demasiado bien.
ELOÍSA.- No me conoces en absoluto.
ABEL.- Tanto tiempo durmiendo a tu lado, ¿te parece poco?.
ELOÍSA.- No basta toda una vida para conocer a una persona, por más que duerma a tu lado durante cincuenta años.
ABEL.- Afrontemos la realidad, Eloísa.
ELOÍSA.- No soy yo quien la esquiva. Sé a qué atenerme. Y el final es fácil de predecir.
ABEL.- Sin duda. La decisión resulta inminente. (CONSULTA SU RELOJ). Ya es casi mediodía. Y todavía no me atrevo…
ELOÍSA.- ¿A qué?
ABEL.- A…a no despreciar el arroz con pato de la vieja.
ELOÍSA.- ¿Y bien..? ¿Qué le vas a decir?
ABEL.- ¿A la vieja?
ELOÍSA.- A Leone, por supuesto.
ABEL.- ¡Déjate de leones y tigres de papel!
ELOÍSA.- En cualquier momento puede llamar.
ABEL.- Ya lo sé. Y aún no consigo decirte... (COMPRENDE QUE ELOÍSA NO SE REFIERE A GLORIA). ¿Quién dices que va a llamar?
ELOÍSA.- ¡Quién va a ser..! Leone, por supuesto.
ABEL.- ¿Hasta dónde quieres llegar?
ELOÍSA.- Hasta Italia. Pero esta vez con él.
ABEL.- ¿Ya no bastan las cartitas fraguadas y las flores que salen de mi bolsillo?
ELOÍSA.- Eres de aquellos que no se convencen ni cuando tienen el piquete de fusilamiento al frente. Aparte de ser un vanidoso increíble. ¡Yo iba a usar de artimañas para mantener el interés del precioso!
ABEL.- Mira. Con gran esfuerzo te concedo el beneficio de la duda. Suponiendo que existiese el tal Leone... ¿Para qué te iba a llamar?
ELOÍSA.- Es obvio, ¿no? Quiere llevarme a su país. ¡A vivir! A salir de esta tumba que me está asfixiando. ¡Esta sí es una tumba mucho más real que aquellas! (SEÑALA HACIA EL PÚBLICO). Confieso que dudé hasta hoy por sentimentalismo... Pero ya tomé mi decisión. Como espero la hayas tomado tú también. (SUENA EL TELÉFONO). ¡Ahí está! (AMBOS CORREN A ATENDER). ¡Es para mí!
ABEL.- ¡Es para mí! (SE ADELANTA Y DESCUELGA EL FONO, ESQUIVANDO A ELOÍSA). Aló. ¿Quién? ¿La “siñora” Eloísa? (QUEDA DE UNA PIEZA, LO QUE APROVECHA ELOÍSA PARA QUITARLE EL FONO).
ELOÍSA.- ¡Leone! Sí, caro, esperaba tu llamada. Está aquí, pero no tiene importancia. (RAÚL LE ARREBATA EL FONO Y ESCUCHA, PERO ELLA LO RECUPERA). ¡No seas grosero!
ABEL.- ¿Qué dijo de tomate..?
ELOÍSA.- (AL FONO). ¿Tomar te? ¿Hoy, Leone?
ABEL.- Entendí algo de tomate. (INTENTA QUITAR EL FONO, PERO ELOÍSA LO ESQUIVA. SIN EMBARGO ALCANZA A  OIR ALGO). ¿Pizza?
ELOÍSA.- ¿Pisa también? ¡Qué lindo! La catedral, la torre inclinada... ¡Qué viaje maravilloso vamos a hacer! ¡Y Venecia! (REMARCA EL NOMBRE PARA QUE EL DUEÑO DE LA BODEGA VENECIA SEPA QUE NO HA MARCADO MAL). ¡Venecia, por supuesto! Y Nápoles, claro.
ABEL.- (DESCONCERTADO). ¿Qué está pasando aquí?
ELOÍSA.- (AL FONO). ¿Quieres la respuesta ahora mismo? (MIRA A ABEL). Se lo dije, pero no me cree. (RÍE). Dice que son fantasías mías. Sí, es mejor dejarlo así.
ABEL.- ¿Dejarme? (INTENTA TOMAR EL FONO, ELOÍSA LO ESQUIVA, PERO GRITA AL FONO). ¡Qué te has figurado, bachicha asqueroso!
ELOÍSA.- Sí, Leone, está como loco, pero no te preocupes. Ya no lo dudo más: me iré contigo porque te amo.
ABEL.- ¿Y lo dices delante de mí?
ELOÍSA.- Partiré cuando tú quieras. No temas, yo sabré controlarlo.. Llama más tarde, amore. Chiao. (ENVÍA UN BESO Y CUELGA).
ABEL.- Entonces... ¿era cierto?
ELOÍSA.- (TRIUNFAL). ¿Qué te creías tú?
ABEL.- ¡Ah, no! Es un truco. Ya sé, contrataste a alguien para que llamara.
ELOÍSA.- ¡Pobre Abelardo!
ABEL.- ¡Abel! ¡A la próxima que me abelardees..! Contrataste a alguien, compraste las flores, escribiste las cartas...
ELOÍSA.- Si eso te hace feliz…
ABEL.- Di la verdad.
ELOÍSA.- Tú lo oíste. Era italiano, ¿no?
ABEL.- No es el único sobre la tierra.
ELOÍSA.- Tienes razón.
ABEL.- ¡Ah, entonces confiesas!
ELOÍSA.- Digo que no es el único italiano sobre la tierra. Aunque para mí es como si lo fuera. ¿Y sabes qué? ¡Me importa un rábano que me creas o no! Si no aceptas los hechos, si haces como el avestruz ignorándolos, allá tú.
ABEL.- ¿Serías capaz..?
ELOÍSA.- ¿De dejarte? (SE PONE LA PELUCA). ¡Sin duda alguna!
ABEL.- ¡Quítate ese adefesio!
ELOÍSA.- ¿No te gustan las rubias?
ABEL.-  De manera que te vas.
ELOÍSA.- Sí, parto con Leone.
ABEL.-  Pues no será así.
ELOÍSA.- ¿Quieres que me quede?
ABEL.- Porque el que se va a ir soy yo.
ELOÍSA.- ¿Con Leone?
ABEL.- (CONSULTA SU RELOJ). Ya debería haber llamado
ELOÍSA.- ¿Te vas con la folklórica?
ABEL.- Sí, folklórica, es decir auténtica, sin complicaciones ni retorcimientos. Simple, como las cosas buenas de la vida. ¡Me voy con ella!
ELOÍSA.- ¡Hasta que lo confesaste!
ABEL.- ¿No decías que lo sabías?
ELOÍSA.- Necesitaba oírlo de tus propios labios. Que tú mismo confesaras tu deslealtad.
ABEL.- ¿Te atreves tú a hablar de deslealtad?
ELOÍSA.- Lo mío es muy distinto
ABEL.- ¿Distinto en qué?
ELOÍSA.- En que es un sentimiento puro, no ensuciado con...antibióticos.
ABEL.- ¿Sentimiento puro, revolcándose en un hotel?
ELOÍSA.- Nunca hubo nada material entre nosotros, para que lo sepas. Mucho menos revolcones. Porque Leone es de una calidad muy distinta a la tuya. Sin embargo… ¿Vas a creer que en lo físico se parecen un poco? Pero espiritualmente son tan diferentes entre sí como el estiércol y las estrellas.
ABEL.- Las estrellas son pedazos de estiércol más grandes, nada más.
ELOÍSA.- Tú nunca llegarías a alcanzar su estatura porque has hundido la vista en el barro como los cerdos. Y cada día te irás sumiendo más y más en la inmundicia.
ABEL.- ¿No dice la Biblia que somos hechos de barro? Yo no intento fabricarme una falsa espiritualidad como tú y  Leone. ¡Amor puro! ¡Bah! Es la misma jeringa que yo y  Gloria. Sólo que nosotros no nos tapamos con tules de hipocresía. ¡Desnudos! ¡Como debe ser!
ELOÍSA.- ¡Qué asco! Una putilla y un hombre viejo.
ABEL.- ¿Viejo, yo? ¿Putilla? Ya quisieras... ¡Viejo! Y si así fuera, mi carne se renueva al contacto con la carne joven. ¡Joven, óyelo bien!
ELOÍSA.- ¡Inmundo!
ABEL.-  No esa carne fofa que empieza a descolgarse. Por más que trates de conservarte en alcohol. Y no pongas esa cara. Le echabas la culpa a  Luisa, cuando la borracha eres tú. Escondiendo botellas detrás de mis libros... (SACA LA BOTELLA). En el costurero. Por todas partes. ¿Quieres un traguito para pasar el mal rato?
ELOÍSA.- ¡Miserable canalla! ¡Asqueroso...infiel!
ABEL.- ¿Infiel? Eso eres tú.
ELOÍSA.- No hice más que aplicar la sentencia bíblica: ojo por ojo... ¡Pero no te vas a ir tan tranquilo..! Tanto va el cántaro al agua... ¡que al fin se quiebra! (ESGRIME LA BOTELLA).
ABEL.- (ASUSTADO) ¡Oye, suelta eso!
ELOÍSA.- Ahora verás lo que puede una mujer herida.
ABEL.- (HABLA AUTOMÁTICAMENTE, ASUSTADO, SIN NINGÚN AFÁN DE BROMA, QUIZÁ COMO UNA MANERA DE PROTEGERSE). Mujer herida, no. Leona herida. Que está en el Louvre junto a la Gioconda. Que nada tiene que ver con El Prado ni los fusilamientos de Goya. Ni con el British Museum y Tutankamón. Ni con el Lincoln Center ni la recatafila de museos que tuve que ver contigo.
ELOÍSA.- No te escudes tras palabras, miserable.
ABEL.- Palabras, palabras, como dijo Shakespeare junto a Calderón y Lope, Pushkin y Goethe, Miller y Fo, Segura y Lord Byron, Pirandello y...
ELOÍSA.- ¡No huyas!  ¿Tengo razón o no?
ABEL.- Razón, deducción, intuición...
ELOÍSA.- ¡Cállate!
ABEL.- ¡Detente! Tú no eres tú. Te desconozco. ¿Quién eres?
ELOÍSA.- ¿Quién soy? La de siempre. ¡La eterna! La de las penas y alegrías. La de los días domingo. La compañera...la amante...la madre y esposa...La que te espera...la que te odia...la que te ampara... ¡Y también la que te mata! (ATACA. ABEL TROPIEZA AL RETROCEDER Y CAE, GOLPEÁNDOSE LA CABEZA  Y QUEDANDO EXÁNIME. ELOÍSA BOTA LA BOTELLA Y SE LE ACERCA). Soy la de siempre, pero que está envejeciendo. ¿Por qué tratas desesperadamente de detener el tiempo? ¿No ves que es inútil? El tiempo corre y corre sin detenerse jamás. Por más que tengas miedo. Por más que hagas chistes...no se detiene. (SE SIENTA EN EL SUELO Y PONE LA CABEZA DE ABEL SOBRE SU FALDA. LE ACARICIA EL CABELLO. VA CAMBIANDO LENTAMENTE LA ILUMINACIÓN). Tienes que aceptarlo, Abelardo. Aceptarlo y resignarte. Aceptarlo como estos horribles...y maravillosos años que hemos vivido juntos. Años de discusiones interminables...De risas y amarguras...De desencanto...De esperanzas perdidas...  (ABEL SUSPIRA Y VUELVE EN SÍ. ASOMBRADO MIRA A ELOÍSA).
ABEL.- ¡Gloria..! ¿Tú?
ELOÍSA.- Sí, Leone.
ABEL.- ¿No sueño? ¿Estás conmigo?
ELOÍSA.- Estoy contigo.
ABEL.- Tanto que deseaba estar a tu lado, Gloria.
ELOÍSA.- Igual que yo. Leone.
ABEL.- Tu cabello rubio tan lindo... (LE ACARICIA LA PELUCA). ¿Me extrañaste? ¿Te acordabas de mí?
ELOÍSA.- ¡Cómo no extrañar tu dulzura, tu gentileza...tu fuego pasional!
ABEL.- A tu lado pareciera que el tiempo... (SE INCORPORAN QUEDANDO DE RODILLAS FRENTE A FRENTE).
ELOÍSA.- ¡Sí! (HABLA JUNTO CON ABEL). ¡Como si el tiempo se detuviera o… no existiera..!(SE LEVANTAN TOMADOS DE LAS MANOS).
ABEL.-  Pensamos igual...
ELOÍSA.- Sentimos igual...
ABEL.- Eso es...
ELOÍSA.- Amor.
ABEL.-  Y para siempre, ¿verdad?
ELOÍSA.- Para siempre. (SE ESTRECHAN EN UN ABRAZO). Tendremos un hijo.
ABEL.- ¿Y si no..?
ELOÍSA.- Lo tendremos...en el corazón.
ABEL.- ¿Vamos?
ELOÍSA.- Vamos.
ABEL.- Pero... ¿a dónde? (SE MIRAN CON EXTRAÑEZA).
ELOÍSA.- (SE SEPARA DE ÉL Y ACTÚA CON MUCHA GROSERÍA, COMO LO HARÍA GLORIA). ¡Me tienes harta, idiota; ya no te soporto! ¿Sigues pensando en Eloísa? Hasta cuando duermes la nombras.
ABEL.-  Debí tener pesadillas.
ELOÍSA.- Yo soy quien sufre la eterna pesadilla de estar contigo.
ABEL.- ¡Gloria!
ELOÍSA.- Pareces un perro viejo y sarnoso, mirándome con ojos suplicantes.
ABEL.- Gloria... ¡Te lo he dado todo!
ELOÍSA.- ¿Qué me diste? ¿Tu bella estampa? (RÍE GROSERAMENTE).
ABEL.- Me estás volviendo loco.
ELOÍSA.- ¿No ves, pobre tipo, que pierdo el mejor tiempo de mi juventud contigo? Pero esto se acabó. No creas que vas a seguir viviendo a mis costillas.
ABEL.- No me insultes, Gloria.
ELOÍSA.- Mucho más que insultos mereces.
ABEL.- No es justo que digas eso. Yo te amo.
ELOÍSA.- (CON REPUGNANCIA). ¡Amor..! ¿Contigo? ¡Qué asco!
ABEL.- ¡No me hables así, Gloria, por favor!
ELOÍSA.- ¿Sabes qué? Mucho mejor será que te largues donde tu vieja.
ABEL.- ¡Lávate el hocico antes de hablar de Eloísa! Ella es mil veces mejor que tú.
ELOÍSA.- (RIENDO). ¡Qué emocionante! ¡Cómo la defiende..! Pero si son tal para cual. ¿Qué esperas?  Esa pobre infeliz a lo mejor  todavía te sigue esperando.
ABEL.- ¡Cállate, maldita perra! Cállate! ¡Cállate! (LA COGE DEL CUELLO COMO PARA ESTRANGULARLA. ELLA CAE. DURANTE EL FORCEJEO SE LE DESPRENDE LA PELUCA. ABEL SUELTA A ELOÍSA Y CAMINA COMO AUTÓMATA). ¡Eloísa! ¡Mi Eloísa..! ¡Cómo pude ser tan ciego! ¡Eloísa..! Añoro tu fantasía, tu amor... ¡tu lealtad! ¿Por qué lo hice? Debí decirte lo que significabas para mí. ¡Debí pedirte que me perdonaras..! Que supieras que  Gloria no era más que un último destello... Porque tú eres la constante... la verdadera…la cálida tierra amada... ¡Tú eres vida, paz, el verdadero amor..! Cuando me diste el ultimátum, Gloria, estaba decidido a dejarte. De golpe comprendí que no te amaba y que no quería verte nunca más. ¡Cómo pudiera volver atrás! (SE SIENTA EN EL SOFÁ, CUBRIÉNDOSE LA CARA CON LAS  MANOS).
ELOÍSA.- (INCORPORÁNDOSE). No puedo seguir contigo, Leone. Abelardo nunca habría llegado a tanta brutalidad. Él es bueno... Inseguro como un niño. Necesitaba de mí...y yo de él. En cambio tú, Leone... Me cegué, me engañé contigo.  ¡Ay, si pudiera volver atrás! (SE SIENTA JUNTO A ABEL, PERO AMBOS NO SE MIRAN. .PAUSA).
ABEL.-  ¿Estás ahí?
ELOÍSA.- Estoy aquí. Tan sola como tú.
ABEL.- ¿Me podrás perdonar?
ELOÍSA.- No sé.
ABEL.- Soy...nada más que un pobre hombre...que quería vivir.
ELOÍSA.- Y yo una pobre mujer...que aún quisiera vivir.
ABEL.- Te hice mucho daño. ¿Se podrá rectificar?
ELOÍSA.- Quién sabe.
ABEL.- Es algo...que no depende de uno, ¿verdad?
ELOÍSA.- No sé.
ABEL.- Dime una cosa... (MIRA HACIA EL PÚBLICO). ¿Estamos acá o al frente?
ELOÍSA.- (MIRA TAMBIÉN AL PÚBLICO). Como en el cementerio del Pére Lachaise  lo están Abelardo y Eloísa, ¿te acuerdas? Ambos con las manos juntas sobre el pecho, como en oración.
ABEL.- No. Lo recuerdas mal. Están tomados de la mano.  (SUENA EL TELÉFONO. AMBOS SE LEVANTAN. VUELVE LA ILUMINACIÓN NORMAL. ATERRORIZADOS, MIRAN EL TELÉFONO. NINGUNO DE LOS DOS QUISIERA OÍRLO Y NINGUNO DE LOS DOS INTENTA ATENDER LA LLAMADA. AVANZAN LENTAMENTE HACIA EL PÚBLICO, DONDE SE SUPONE QUE ESTÁ LA VENTANA QUE DA AL CEMENTERIO. SIEMPRE SIN MIRARSE, EXTIENDEN UNA MANO HACIA EL OTRO HASTA QUE LAS MANOS SE ENCUENTRAN Y  ESTRECHAN. RÍGIDOS Y CASI SIN RESPIRAR, MIRAN EL CEMENTERIO. EL TELÉFONO SUENA CON RIGOR, MÁS Y MÁS FUERTE).


                                                                TELÓN 





Comentarios