EDUARDO ADRIANZÉN - OBRA: "ESPINAS"


ESPINAS
Drama en dos actos

Por Eduardo Adrianzén


Personajes:

LUISA MELGAREJO, blanca, esposa del Rector de San Marcos. Bella Hidalga.
INES DE VELASCO, blanca, casada con un comerciante. Obsesionada con volar y escribir.
ISABEL DE ORMAZA, mestiza, casada. Viste el hábito de Santa Gertrudis.
ANA MARÍA PÉREZ, mulata, amancebada. Cocinera en casa de Gonzalo de la Maza
MARIANA, india. Inseparable compañera de Rosa de Lima desde su infancia

Todas alrededor de los 35 años, a excepción de Mariana, un poco menor de 30.

PADRE DIEGO MARTINEZ, unos 35 años. Sacerdote jesuita.
PADRE ANDRES JUAN GAITAN, edad indefinida de la madurez. Inquisidor del Santo Oficio.
MARIA DE OLIVA, unos 60 años, madre de Rosa.
UNA ANCIANA Y UNA LEPROSA, la misma actriz que hace de María.

UN FRAILE FRANCISCANO

UN FRAILE DOMINICO

UN TORTURADO

UN INDIO, estos cuatro últimos personajes son interpretados por el mismo actor.

La acción: desde el año 1617 en diversos lugares de Lima y durante algunos años.
Estrenada el 8 de Setiembre del 2001, en el Teatro de Asociación Alianza francesa de Miraflores, con el siguiente elenco:

Luisa Melgarejo          .......................................        Gabriela Billotti
Inés de Velasco .......................................        Natalia Torres Vilar
Isabel de Ormaza       .......................................        Gabriela Velásquez
Ana María Pérez         .......................................        Tatiana Espinoza
Mariana              .......................................        María del Rosario Zevallos
Padre Diego Martínez .......................................        Christian Thorsen
Padre Juan de Gaitán         .......................................        Carlos Victoria
María de Oliva,
Anciana y Leprosa     .......................................        Sonia Seminario
Fraile Franciscano,
Fraile Dominico,
Torturado e indio        .......................................        Gustavo Morales
Otros frailes dominicos        .......................................        José Miguel
                                                                           Roberto Miguel




ACTO PRIMERO


Dormitorio de Rosa. Noche del 24 de Agosto de 1617. Se abren luces. Luisa está de pie. La ilumina un cenital.

LUISA

La estoy viendo. Con los ojos del cuerpo y los ojos del alma, la estoy viendo en este preciso instante. Veo a la virgen Rosa subiendo a los cielos, acompañada de millares de ángeles y cientos de otras vírgenes, a presentarse ante el trono de la Trinidad, rodeada de coros que entonan las melodías más bellas que oídos humanos puedan imaginar. Rosa se distingue entre tantas por llevar una túnica muy blanca y una palma dorada en la mano. Pero no va coronada como las demás, no. No es menester, porque María Santísima la está coronando al pie de su trono. ¡María Santísima la corona con sus propias manos celestiales para mayor gloria de su triunfo!

María de Oliva, Mariana y un indio son iluminados en un segundo plano.

MARIA DE OLIVA
¡Mi hija ha muerto!

MARIANA

Nana Rosa, quedaqui. Muron quequichu quedaqui. Quédate, Rosa, hermanita. Quédate donde te sembramos.

INDIO

¡Mamay Rosita, y ahora quién verá por los desamparados!

MARIA DE OLIVA

¡Mi hija ha muerto consumida por la fiebre y es culpa de los frailes! ¡Su cuerpo era una sola llaga de cilicios, su piel una costra de látigos! ¡Ellos llenaron sus oídos de consejos necios azuzándola al martirio! ¡Los frailes la han matado!

LUISA

¡Calla, María de Oliva! ¡Calla, que tu hija es una santa!

MARIA DE OLIVA

¡Y vosotras el corral de gallinas que vivió cacareando a su alrededor, sin compartir jamás uno solo de sus rasguños! ¡Yo las odio, Luisa Melgarejo! ¡Odio a todas vosotras, así como odio a sus frailes y confesores!

INDIO

¡Mamita Luisa! ¡No nos abandones!

LUISA

La virgen Rosa de Santa María ya está en los cielos. Pero no teman, pobres infelices. Ella nos ha dejado a nosotras, las flores de su corazón, sus seguidoras, para continuar sus trabajos en la tierra.

MARIANA

Ama cieluta lloquesu, Rosita. Ama cárupa ehuesu. Quedaqui parlakushun. No subas al cielo Rosita. No subas ni te vayas tan lejos. Quédate hablando con mi voz. Ama huanuquisu ni euquisu. Quedakushun. Quedakushun.

Oscuro lentamente.

Se abren luces: patio en la casa de Luisa Melgarejo. Ana María bate claras de huevo en un tazón. Isabel borda en una tela y Mariana organiza montoncitos de hierbas.

ANA MARÍA
Yo también la vi.

ISABEL

Mientes.

ANA MARÍA

Digo que la vi. Aunque nadie me haya preguntado, yo la vi.

ISABEL

Vuesamerced es capaz de confundir un alma que asciende al paraíso con el humo del cocido.

ANA MARÍA

No solamente la vi. Rosa me hizo adiós con la mano. Me regaló una sonrisa, se acomodó la toca para que no le tape un ojo y entró en la nube que ahora la guarda.

ISABEL

Doña Luisa no habló de ninguna nube. Ella no te creerá y yo menos.

ANA MARÍA

Ya se lo conté a mi confesor.

ISABEL

¡Psch! El Padre Loayza tampoco te cree. Con razón, luego de descubrir que te hartas de bollos y chocolates antes de comulgar.

ANA MARÍA

El día que pierda su crédito cambiaré de confesor. Frailes para nosotras, abundan.

ISABEL

La madrugada que Rosa murió, solo doña Luisa estaba con ella. Hizo guardia al pie de su lecho sin dormir durante toda su agonía. Por eso vio su ascensión.

ANA MARIAN

Mariana también la vio.

ISABEL

Tampoco le preguntarán. ¡Ay! (Se pincha) ¡Deja de batir esas claras, que me crispa el ruido!

ANA MARÍA

Mariana. Cuenta otra vez para nosotras.

MARIANA

Rosita subió al cielo.

ANA MARÍA

Pasaste toda la vida a su lado. ¿Es todo lo que tienes que decir del momento de su muerte?

MARIANA

Para qué más quieres saber

ISABEL

¿Ves por qué nadie ha de tomarla en serio? En cambio Doña Luisa lo cuenta aderezado, como gusta a curas y fieles

ANA MARÍA

Como fuere, yo también la vi. Y al cabo no entiendo por qué pierdo mi tiempo contándote. Yo quiero que mi testimonio figure en el expediente que acaban de abrir para dar fe de su santidad

ISABEL

Primero pide autorización al Padre Martínez

ANA MARÍA

El Padre Martínez no es el único dueño de nuestra perfección. Yo no soy Luisa Melgarejo

ISABEL

A Dios gracias. Eres una simple mulata cocinera y doña Luisa una hidalga

ANA MARÍA

Y vuestra merced una mestiza, por más estado de beata que haya tomado. ¡Más que beata, bruja!

ISABEL

¡Cierra ese pozo oscuro que tienes por hocico, pedazo de mentecata! ¡No quiero ruidos con el Santo Oficio!

ANA MARÍA

No quieres ruidos, pero proteges jadeos ajenos, alcahueta. No sólo eso, también remedias las consecuencias. Bordas imágenes santas en público para que te vean. ¿Pero de quién es la aguja de zurcir honras que encontré en vuestro arcón?

ISABEL

¡Con esa aguja te bordaré los labios, aunque más que hilo he de necesitar soga de esparto!

ANAMARÍA

¿Vuestra merced se bordó a sí misma para engatusar al mamacallos que tiene por marido?

ISABEL

¡Buitre maloliente!

ANA MARÍA

¡En la mita debías estar, muy lejos, en las minas de Potosí!

ISABEL

¡Untate el merengue al rostro, a ver si te vuelves blanca!

Isabel aparece en una elevación


MARIANA

La señora Inés

ANA MARÍA

(A Isabel) ¡Qué miras arriba, bellaca! ¡Es doña Inés, no un pelícano!

INES

¡Hagan lugar los vientos, pliéguense las brisas y que el cielo se abra como un espiral que me lleve hasta el divino ojo, porque voy a volar!

MARIANA

¿Vas a saltar, señora?

ANA MARÍA

¡Está muy alto!

INES

¡Si he de volar, ha de ser voluntad de Dios!

ISABEL

¿Y si caes? ¿Voluntad del diablo?

INES

¡No: que el viento cambió de dirección! (Se moja el dedo y mira) Cosa que veo acaba de ocurrir. Por tanto, no he de intentar el salto... por hoy

ISABEL

Agradece al viento, que siempre te ayuda a no cometer dislates

INES

Un día volaré. Entonces me encontraré con Rosa en el cielo y le preguntaré si es cierto que Adán no tiene ombligo, como he aventurado en uno de mis libros

ISABEL

¡Válgame! ¿Vuestra merced cree que Rosa andará husmeando ombligos ajenos?

INES

En el cielo no hay pecado de lujuria ni cosa parecida. Angeles, arcángeles, serafines y querubines van totalmente desnudos como recién nacidos y nadie malicia de sus divinas, colgantes y enormes formas. Eso también lo escribí

ANA MARÍA

Vuestra merced escribe hasta cuando duerme

INES

Mas vale ser docta y modesta que andar alardeando de santidad como otras. ¿Saben qué apareció escrito en la pared de la calle de Botoneros?

ISABEL

Si escrito está, algo tendrá que ver vuestra merced

INES

“Doña Luisa es la imagen y De Soto la alcancía”. Toda la ciudad ya debe haberlo leído. A ver si por fin don Juan le baja las ínfulas a la mujer que tiene

ANA MARÍA

Pobre doctor De Soto. Mal hizo en casarse, que cuando andaban de amancebados sufría menos

INES

Un hidalgo que llegó a rector no puede andar de amancebado, por más reputación de santidad que tenga su mujer

ISABEL

Mariana. ¿Y doña Luisa?

MARIANA

En la iglesia segurito está

INES

O lavando la pared, que a esta hora el doctor suele volver de San Marcos

ANA MARÍA

¡Pues entonces basta de perder el tiempo y a la cocina! Isabel, ayúdame a matar una gallina que hoy haré manjarblanco

ISABEL

Sólo la gula puede animarme a hacerte favores

Isabel y Ana María salen


INES
Quizás deba esperar las horas de la tarde en que hace viento

MARIANA

Harto viento hizo el día que sepultamos a Rosita. Terremoto decían iba a haber. Pero ella no iba a despedirse mandando desgracias

INES

Mariana. ¿Rosa cuántas páginas escribió?

MARIANA

Bien rara vez la vi escribir. Las Escalas nomás, por consejo de los padrecitos

INES
Casi nada entonces

MARIANA

Nada comparado con tanto que tú escribes, mamita Inés. Manchaditos de tinta ya tienes tus dedos

INES

El Padre Martínez ha de ayudarme a ver impresos mis libros. Treinta y seis cuadernos ya he llenado

MARIANA

¿Los ha leído el padrecito?

INES

Prometió hacerlo apenas se libere de otras distracciones. Luisa no lo deja tranquilo

MARIANA

¿Y él tranquilo querrá estar?

INES

Escucho voces. Si es don Juan De Soto y ha leído la pared, prefiero no verlo. Nada más triste que un marido bondadoso y humillado

Inés sale. Mariana se queda. Entran Luisa y Diego Martínez


MARIANA

Buen día con Dios, Padrecito

DIEGO

Buen día, Mariana

MARIANA

Tranquila se te ve, mamita Luisa. Por la calle de Botoneros seguro no pasaste

DIEGO

Deja las chácharas, Mariana. Trae agua, que doña Luisa viene con fatigas

MARIANA

El aguatero no ha venido. Hasta la fuente de la plaza tendré que ir

Mariana sale


DIEGO
Me preocupa como os dejan los arrobos

LUISA

No es sencillo para un alma imperfecta como la mía acercarse tanto a Dios sin sentir divinos calores

DIEGO

Yo también los siento cada vez que rezo al lado de vuestra merced

LUISA

Será que la gracia del Señor se derrama como una catarata sobre ambos

DIEGO

A más santidad, más humildad. Como Rosa. Con la diferencia que vos...

LUISA

Puede decirlo, Padre. Rosa fue una santa y yo no soy digna de compararme con ella. Fue santa, y por más ventura, virgen

DIEGO

Iba a hablar de otras diferencias. La belleza del alma de Rosa era distante. Como la santidad que emana de una efigie. En cambio vos no, Luisa. Vos sois la prueba de que el Señor coloca criaturas humanas y perfectas entre los mortales para ser espejo de virtudes

LUISA

Vuestras palabras vuelven a ruborizarme

DIEGO

Tampoco eches de menos la virginidad, pues Santa Mónica fue madre de San Agustín y a la vez santa entre las santas. Por el contrario, si habéis sacrificado la carne como me dijiste en confesión...

LUISA

Años hace que mi esposo no me toca un solo cabello. La carne me repele, Padre. Pensar en el cuerpo del varón sobre la hembra me recuerda a quehacer de bestias

DIEGO

La carne es infierno para la mujer honesta cuando el hombre sólo busca concuspiscencia y no procrear

LUISA

El olor de mi esposo es ácido como el aliento de Belcebú. Y por más que sea hombre sin tacha, yo no preciso su amor

DIEGO

Tienes el más perfecto, Luisa. El amor de Dios

LUISA

¿Y el vuestro, Padre? ¿También soy digna del amor de vuestra merced?

DIEGO

Poca cosa es el amor de un pobre sacerdote ante una mujer tocada por la gracia

LUISA

Me acuesto y me levanto en Dios pensando en cuánto me amáis. Cada vez que alzo mis ojos en oración hacia los altares y a las sagradas imágenes de nuestro Señor Jesucristo, veo el mismo rostro y la mirada dulce de vuestra merced

DIEGO

Yo... siento algo parecido cuando le rezo a la imagen de la Virgen María. Cuando me acerco y beso los pliegues de su túnica con devoción... siento que beso la tela de vuestro vestido y me asalta un placer extraño que hace que el sudor caiga por mi frente hasta embriagarme

LUISA

¡Padre, entonces vuestra merced también ha llegado a comprender lo divino de ese amor!

DIEGO

No lo sé, Luisa. Después que ese prodigio ocurre... me estremezco al dudar si tal júbilo es inducido por un pensamiento impuro... y sea pecado

LUISA

¿Y cómo un amor tan grande venido del alma habría de ser pecado? Si lo fuere, ¿podría yo acaso hablar con Dios y tener visiones del paraíso?

DIEGO

Tienes razón. El pecado lo anularía

LUISA

Vuestro cuerpo y el mío son como la iglesia

DIEGO

Luisa... quiero hacerte una súplica

LUISA

Lo que vuestra merced mande

DIEGO

La próxima vez que te asomes por el paraíso, repara en quiénes de la Compañía de Jesús gozan de él. Estoy seguro que han de exceder largamente a los de otras órdenes.

LUISA

¡Largamente!

DIEGO

En especial preciso saber acerca del alma del Padre Juan Sebastián Parra. Qué lugar ocupa en el cielo, para tapar la boca a los dominicos que le tenían ojeriza estando en vida

LUISA

Ah, pero al Padre Juan Sebastián ya lo vi el otro día. Está en el coro de los santos doctores con palma y gran majestad, y una luz altísima que lo distingue

DIEGO

Luisa... vuestra merced es mi bálsamo

Entra Inés. Lleva un pequeño ramito de flores


INES

¡Padre! Casualmente iba a buscarlo. Vuelvo de la iglesia de la Compañía donde tuve un éxtasis

LUISA

¿Otro? Ya tuviste uno a media mañana

INES

¡Vi a nuestro Señor hecho niño encima del cáliz manándole un chorro de sangre por el costado!

LUISA

¿Y eso es motivo de alegría?

INES

La sangre dejo de manarle apenas apareció en mi visión vuestra merced. Estaba en medio de los ángeles, que le pusieron una corona de flores en la cabeza. Y de pronto apareció la madre de Dios con dos ramilletes y me dijo: uno es para ti... y otro para el Padre Diego Martínez. (Se lo da)

DIEGO

¡Alabado sea! ¡Un ramillete obsequiado por la Virgen María!

LUISA

Más parece de los que vende la misturera

INES

¿Pasaste por Botoneros?

LUISA

¿Es que alguien puede decirme qué sucede en Botoneros?

DIEGO

Luisa, debo ir a contarles a los Padres de la Compañía lo que acabas de narrarme

LUISA

Id con Dios

DIEGO

El os guarda

Diego se va


INES

¿Y vuestro marido?

LUISA

En sus quehaceres. ¿Y el vuestro?

INES

En los suyos. Vuestro marido es un gran hombre. Grande y paciente hombre

LUISA

Lo sé. Y comprendo vuestra natural envidia, ya que estar casada con un modesto vendedor de géneros no soporta la menor comparación

Inés saca un cuaderno de debajo de su traje y se lo ofrece a Luisa


INES

¿Deseas leerlo?

LUISA

¿Otro?

INES

Lo escribí casi sin darme cuenta, durante un arrobamiento. Tanta es la bendición que se derrama sobre mí tan a menudo que estoy más que acostumbrada. Lástima que escribas muy poco, Luisa. A tu verbo florido le ha de faltar doctrina

LUISA

Mis confesores han de suplirla con creces

INES

Hablas como si tuvieras más de uno

LUISA

Haces bien en intentar volar, Inés. Quizás un día lo consigas y marches a tierras mejores

INES

No pretendo tierras. Pretendo el cielo, como vos

LUISA

Enhorabuena. Mientras sea el cielo, todo estará bien. El cielo es muy ancho, Inés. Todas cabemos en él. A diferencia de la tierra, donde por los caminos estrechos apenas cabe un solo peregrino

Luisa sale. Un cenital ilumina a Inés


lNES
Todas las cosas del mundo están unidas entre sí, con un hilo invisible que las sostiene unas con otras. Las nubes, las estrellas, las aves que vuelan, las bestias que caminan o se arrastran, las plantas que atan sus raíces a la tierra y los hombres que transitan libremente por cuanto mundo Nuestro Señor creó para ellos. Si aquellos hilos existen: ¿por qué no entender que pueden sostener mi cuerpo al momento de desafiar la substancia de la que está compuesto aire, viento y brisa? Esa cadena de hilos tejida por Dios, va a encontrar en mi liviana persona su punto de convergencia. Apenas logre volar, buscaré una nube donde posarme. La más lejana, donde mi esposo no pueda alcanzarme con sus ojos que felizmente ven cada vez peor. Hay nubes ligeras como suspiros y nubes enormes como castillos. Nubes donde se pueden ver monstruos y otras donde se dibuja el rostro de quien se ama. Yo veo el rostro del Padre Diego en aquel momento previo a que la nube se deshaga. Y Luisa no alcanza a verlo, porque yo la gano en tales visiones. Puede que ella haya visto a Rosa subir al cielo, pero al Padre Diego yo lo veo como un hilo que sujeta mi corazón. Un hilo muy fuerte, aunque invisible. El mismo hilo que luego se convierte en trazo de tinta, en palabra, en frase, en página y libro. Hilos en el cielo, hilos en la tierra. Volar y escribir. No veo gran diferencia

La acción se traslada a una mazmorra de la Inquisición

Gaitán y Diego entran con sendas antorchas. Hay un hombre joven atado a un palo con los ojos vendados. Lleva puesto sólo un taparrabos y gime

GAITAN
Las mujeres fueron la última obra de la creación y por lo mismo Dios se encontraba algo fatigado cuando les dio forma. Su cuerpo es una suerte de hombre deforme, con porciones de carne sobrantes y grotescas, llenas de curvas sinuosas que representan el camino de la perdición

DIEGO

Olvidáis que la Virgen María fue mujer, Padre Gaitán

GAITAN

El hecho de ser la madre de Dios la exime de las imperfecciones de su género... y aún así, por algo no está integrada a la Trinidad santísima

DIEGO

Cualquiera que escuche a vuestra merced pensaría que también les es negada la ruta de la santidad

GAITAN

Pueden lograrla, negarlo sería ocioso. Pero sólo superando y trascendiendo el hecho de ser mujeres. Mientras más se alejen de su naturaleza, más cerca estarán de lo sublime. Es imposible que conserven las características de su sexo y además pretendan alcanzar el estado de santidad. Por ello inquieta al Santo Oficio que desde hace tiempo vuestra única ocupación visible sea patrocinar a Luisa Melgarejo como la “santa” dilecta de vuestra orden

DIEGO

Doña Luisa es sólo una beata

GAITAN

El primer peldaño de la escalera, Padre. Estas “beatas” que prometen obediencia sólo a Dios, se sustraen a la autoridad de sus padres y maridos y caen en muchas supersticiones. Más lógico es suponer que son instrumentos del demonio... o de hombres vanos que quieren ser servidos y obedecidos por mujeres simples

DIEGO

Sirven a la fe

GAITAN

La fe que pide explicaciones para ser fe, se vuelve un laberinto. Cualquier alma confusa se pierde en sus vericuetos. Por ello nosotros somos la antorcha que ha de guiarlos en sus oscuridades

DIEGO

Pues si de eso se trata, los dominicos habéis convertido a Rosa de Flores de Oliva en antorcha. Aún antes de muerta

GAITAN

Y vosotros queréis hacer lo mismo con la Melgarejo, claro. Pero así como las antorchas iluminan, también queman si se acercan a la hierba o la maleza. Esas mujeres son peores que leña seca, Padre. Cuidado con provocar un incendio en ellas. Y no me pidáis luego que eche agua, porque el Santo Oficio solo sabe combatir fuegos de infierno con fuegos de hoguera. Hogueras de fe

DIEGO

Vos no pedís obediencia, Padre Gaitán. El Santo Oficio pide miedo. ¿Es que la fe necesita ser alimentada por el miedo?

GAITAN

Padre Martínez, los indios se rebelan en la serranía, los piratas atacan en las costas y los bandidos pululan por doquier: todo el virreinato del Perú tiene miedo y Rosa de Santa María consiguió ser el símbolo que alivia a todos

DIEGO

Insisto en que hablamos de fe

GAITAN

De tan letrado ya no entendéis nada. La inmensa mayoría de los humanos son pobres pecadores degradados y pervertidos, muy similares a los animales. Y tal como los animales, su miedo aparece de forma espontánea y natural. ¿Queréis comprobarlo? (Al hombre en el palo) ¿Me escuchas, pobre infeliz?

TORTURADO

Sí, padre...

 

Gaitán arranca de un tirón el taparrabos del Torturado, que gime de terror


GAITAN

Llevo una antorcha en la mano. En este momento la estoy acercando a vuestras partes.

Gaitán no acerca nada, pero el Torturado empieza a gemir con angustia


TORTURADO

¡No, señor! ¡Piedad!

GAITAN

¿Sientes el fuego? ¿Lo sientes?

TORTURADO

¡Sí, señor! ¡Lo siento! ¡Piedad, misericordia!

GAITAN

Confiesa tu herejía

TORTURADO

¡No he sido hereje, señor! ¡Os lo juro! ¡No he sido hereje!

GAITAN

Mientes. Quizá el olor a carne quemada aclare vuestro entendimiento

TORTURADO

¡No! ¡Misericordia, señor! ¡Confieso que he pecado y me arrepiento!

GAITAN

¿Confesáis vuestras faltas a la fe?

TORTURADO

¡Confieso! ¡Piedad!

GAITAN

¿Confesáis vuestras herejías?

TORTURADO

¡Pero señor...!

GAITAN

Estoy acercando más la antorcha, gusano

TORTURADO
¡Confieso, mi señor! ¡Confieso mis herejías, mis faltas y mis pecados y pido perdón! ¡Cualquier herejía, cualquier pecado! ¡Confieso!

GAITAN

Confesasteis. Siempre, siempre hay pecados que confesar. Muy bien. Estoy retirando el fuego

TORTURADO
¡Gracias señor... gracias!

Ahora Gaitán sí empieza a acercar lentamente la antorcha al cuerpo del Torturado


GAITAN

Ya no hay dolor. Ya no hay angustia porque tu alma está limpiándose y liberándose. Ahora sientes brisa fresca, no calor. No sientes nada

TORTURADO
¡Sí señor... no... no siento nada... sólo aire fresco!

GAITAN

No lo sientes, claro. Porque aún tienes miedo bellaco. Ni fe, ni arrepentimiento, ni respeto. Sólo miedo. Simple y vulgar miedo (A Diego) ¿Entendéis mejor ahora, Padre Martínez? Quien vive con miedo, sólo merece desprecio

En el momento en que se apagan las luces, Gaitán aplasta la antorcha sobre el Torturado, quien da un horrible alarido.

Pasamos a María de Oliva y Mariana

MARIA DE OLIVA
Mi hija era rubia como los ángeles y con ojos del color de la canela. Cuántos mozos pidieron su mano a pesar de su mísera dote, y cuántos más alabaron su belleza. Hasta a un capitán de lanceros despreció y con ello nos condenó a todos al hambre. Nació con semilla de rebeldía y su padre tiene mitad de culpa por haberla dejado a su libre albedrío desde la tierna infancia, como si hubiese nacido varón

MARIANA

Los padres dominicos te mandan llamar, mamita María. Dicen que eres la única que falta escribir en el libro de Rosita

MARIA DE OLIVA
Ahora debo ayudarlos a hacer de ella una santa. Yo no quería una santa. Quería un báculo para mi vejez y no una hija en un altar desde donde no puede alcanzarme ni un mendrugo. ¡Malhaya de su perfección y malhaya de quienes la ayudaron, como Luisa Melgarejo y las otras! ¡Como tú, india miserable!

MARIANA

¡Qué dices, mamita!

MARIA DE OLIVA

¡Toda mi casa llena de enfermos con pústulas y escupiendo sangre! ¡Mi patio entero convertido en hospital!

María de Oliva golpea a Mariana. Le da de patadas


MARIANA

¡No me pegues, mamita!

MARIA DE OLIVA
¡Si al menos hubiese sido monja para cuidar enfermos en el convento, bien lejos de mi casa! ¡Pero no! ¡Ni monja, ni casada, ni puta! ¿Qué clase de mujer parí entonces? ¿Qué ser extraño que no buscaba refugio más que en sí misma? Las mujeres solas estamos perdidas, no somos nada. Nos quedamos dando tumbos, como el cuerpo de un ave escapando apenas se le ha cortado la cabeza. ¡India maldita, por tu culpa mi hija conocía brujos! ¿Crees que no lo sé? ¡Por tu culpa aprendió cosas que nunca debió saber!

MARIANA

¡No digas eso!

MARIA DE OLIVA
¡Santa es la ignorancia, santa la resignación y santa la obediencia! ¿Entonces cómo pueden querer hacer santa a mi hija?

María de Oliva se va. Mariana llorosa se limpia la sangre por las patadas


MARIANA

Los años en Quive fueron como vivir en el paraíso. Todos los días yo acompañaba a Rosita a buscar plantas, hierbas y flores para que el taita Marcelino le enseñe a curar. El taita Marcelino era muy viejo y Rosita aprendió todo de él. El de noche miraba la luna, sacaba la piedra que llevaba amarrada al pecho y le rociaba chicha y harina de maíz antes de rezarle. Hartas veces Rosita y yo lo vimos adorándola. “Por qué los españoles quieren que me arrodille delante de un muñeco amarrado a un palo, cuando alrededor están todos mis dioses” nos decía con su sonrisa sin dientes. “En el cielo, en los cerros y en el agua del río ahí están”. Y Marcelino no tenía miedo de hacerlo delante de nosotras, porque decía que Rosita había aprendido a escuchar su propio silencio. Nada más le hizo prometer que no apunte nada de lo que él le enseñó con las hierbas. Que todo, todo se quede solamente en su cabeza, y se lo decía tocándole la frente. Su frente que después se llenó de cicatrices por las espinas.

Mariana unta su frente con los dedos manchados de sangre. Oscuro lento.

Se abren luces: ahora estamos en la Iglesia de la Compañía de Jesús


Luisa en actitud de meditación. Isabel e Inés arrodilladas dos pasos detrás de ella. Entra Ana María con delantal

ANA MARIA

(A Isabel) ¿Vos qué hacéis aquí? Vuestro marido os busca a gritos

ISABEL

Que se desgañite. No he de moverme mientras no llegue la gracia

ANA MARIA

¿Cuál gracia?

ISABEL

Doña Luisa dice que hoy la gracia se derramará sobre nosotras antes que caiga el sol

ANA MARIA

Pues como yo no ando de ociosa, vine a preguntarle como quiere los huevos para merendar

ISABEL

No te atrevas a interrumpirla, que seguro ya está hablando con Dios

ANA MARIA

Necesito saber si los quiere estrellados o pasados por agua

LUISA

Estrellados...

ISABEL
¡Señora! ¿Aún estás en este mundo?

LUISA

A veces Dios tarda en contestar nuestro llamado

ANA MARIA

¿Y cómo es eso de la gracia?

ISABEL 

Qué va a entenderlo una pobre desgraciada como vuestra merced

LUISA

La gracia de nuestro Señor se derramará sobre este altar antes del anochecer

ANA MARIA

Pues lástima de huevos. Me quedo

lSABEL
Vos. ¡Siempre vos!

Las cuatro quedan orando arrodilladas durante unos segundos, aunque sin dejar de mirarse de reojo unas a otras. Por fin Inés rompe el silencio

INES

¡Me elevo! ¡Siento que me elevo!

LUISA

¡Os habéis arrodillado sobre un reclinatorio!

ANA MARIA

¡Mirad! ¡Un estigma! ¡Mi palma tiene un estigma!

ISABEL 

¡Serás candelejona! Ese corte te lo hiciste esta mañana al destazar un puerco. Yo te vi

ANA MARIA 

¡Sí es un estigma! Nuestro Señor quiere que me parezca a él

ISABEL 

Pues imítalo ayunando cuarenta días a ver si eres capaz, que la tripa te cruje cada media hora. Por el contrario, ahora que lo noto has engordado mucho

Entra Diego


DIEGO

¿Ya estáis todas aquí?

Apenas entra, todas se colocan alrededor de él


LUISA

Como os avisé, Padre. Hoy la Iglesia de la Compañía de Jesús nuevamente será receptáculo de la divina gracia

ISABEL

¡Y todos los otros padrecitos se mueren de envidia!

DIEGO

Mientras la gracia llega, podemos trabajar ejercicios espirituales y contar los prodigios de Santa Brígida de Weinstein

INES

¿Para qué ir tan lejos Padre Diego? ¡Prodigios los que me acontecieron ayer!

LUISA

¡Acabáramos!

INES

Como todos saben, siempre sostengo amenos coloquios con los ángeles y la Virgen, y Jesús me ha dicho que cada vez que baje al sacramento se depositará en mí y le dará mucho gusto tener mi rostro pegado al suyo. Ayer, que fue día de todos los santos, fuimos con la Virgen al purgatorio a sacar almas y sacamos todas, menos tres

ANA MARIA

¿Tantas, señora? ¿Cuáles dejaron?

INES

Las del pulpero, el carnicero y el frutero que nunca quisieron fiarnos. Pero nos dio lástima y al día siguiente volvimos por ellas

ISABEL

¡En cambio yo padezco las penas y dolores que padeció Jesús!

ANA MARIA
¡A mí Dios me da panes y membrillos, y yo los parto para darle a comer a personas enfermas!

ISABEL 

¡Y a mí me creció tanto el fuego que tengo dentro de mi pecho que me fui a casa ansiosa de aplicarme la disciplina, y me di de chicotazos completamente desnuda... acabé como a las cinco de la tarde y quedé temblando!

ANA MARIA 

Y yo fui al purgatorio, y pregunté: ¿dónde estás, abuela mía? Y ella me dijo: “en el purgatorio estoy de un pie hace ocho años, mándame decir una misa”. Luego le pregunte a Santa Clara si conocía algunas de las que ahí estaban, y Santa Clara me dijo que sí, que mi madre y mi hermano están en la gloria

INES

¿Para eso te tomas el trabajo de ir hasta el purgatorio? ¿Para ver a una vieja parada como estaca? El verdadero purgatorio está en Lima y las almas son condenadas a vagar por sus inmundas calles hasta obtener el perdón de sus pecados. Libro decimoctavo, capítulo tres

LUISA

¡Silencio todas!  ¡Callad! ¡Siento venir la gracia!

Diego, Inés e Isabel se reclinan al lado de Luisa. Un cenital ilumina a Ana María


ANA MARIA

De chica me preguntaba por qué todas las mujeres lloraban compadecidas al escuchar el relato de María al pie de la cruz mirando agonizar a su hijo, y sin embargo por mi madre nadie lloró. Seguro porque Jesús no era negro, ni mi madre llevaba túnica azul, sino el único traje que su ama le dio desde que nos compró a los tres, siendo yo recién nacida. Mi hermano tenía diez años más que yo, y conforme pasaron los años se hizo alto, fuerte y apuesto. Quiso escapar, lo agarraron, lo ataron al tronco y delante de toda la familia del amo -dos monjas incluidas- le dieron de golpes hasta que uno de sus pulmones reventó y se fue en sangre en medio de las disculpas del capataz por haber echado a perder la mercancía. Igual que a Jesús, mi madre lo bajó del tronco, lavó sus heridas, lo enterró, y ninguna de las mujeres blancas que vieron el suplicio derramó una sola lágrima. Tiempo después, mi marido y yo fuimos vendidos a la familia de don Gonzalo de la Maza y gracias al buen sabor de mis potajes conseguí la libertad. Potajes en la mesa y de paso en la cama de don Gonzalo, quien la verdad sea dicha huele a claveles y me trata con dulzura. Al tiempo Rosita llegó a la casa, me uní a sus oraciones y don Gonzalo empezó a buscarme aún más seguido, convencido de que acostarse conmigo lo acercaba más a Dios. Trabajo me costó no quedar preñada ni de él, ni de mi marido... ni de algunos otros que se cruzan en mi camino, por pura casualidad. Pero este crío que hoy llevo dentro ha burlado tantas tisanas de orégano que no me cabe duda que será un Hércules. Bendición, porque así no dejará que nadie lo ate a un tronco para golpearlo. Y tampoco, nunca, morirá como Jesús

En otro lugar vemos a Gaitán y María de Oliva


GAlTAN

Luisa Melgarejo y las otras acompañaban a menudo a vuestra hija en vida

MARIA DE OLIVA

Más que a menudo, algunas tenían la insolencia de quedarse a dormir en casa. Ni a sol ni sombra la dejaban en paz

GAITAN

¿Y notasteis algo extraño en ellas?

MARIA DE OLIVA

¡Psch! Nada extraños los pícaros y convenidos entre los habitantes de la Ciudad de los Reyes. Por el contrario, extraño sería encontrar quien no lo fuera

GAITAN

Hablo de su modo de relacionarse con la fe. ¿Alguna vez mencionaron supersticiones o conjuros?

MARIA  DE OLIVA

Quitando a la Melgarejo, ni siquiera sé el nombre de las demás

GAlTAN

Inés de Velasco, apodada “la voladora”. Treinta y cinco años, natural de Sevilla, casada con Fernando Cuadrado, comerciante, tres hijos. Isabel de Ormaza, mestiza, treinta y ocho años, casada, viste el hábito de Santa Gertrudis. Ana María Pérez, mulata, treinta y seis años, apodada “la platera”, natural de Cuenca. Liberta y concubina de un esclavo congo. Todas mujeres vulgares, insignificantes, casadas o amancebadas con hombres sin fortuna ni apellido. Mujeres corrientes. Excepto Luisa Melgarejo, claro está

MARIA DE OLIVA

Es la cabeza de la serpiente. Si ella desaparece las demás no valen nada

GAITAN

¿Pero cómo, doña María? Si tiene el favor de Dios...

MARIA DE OLIVA

Vuesamerced sabría cómo detenerla fácilmente si se lo propone

GAITAN

¿Yo? ¿Detener a una mujer que quizá sea una santa? Vuestras palabras son muy hirientes, María de Oliva. ¡El Santo Oficio es incapaz de abusar de su poder, y menos torcer la voluntad divina o pretender juzgar sobre ella! ¡Lo que decís es una acusación muy grave!

MARIA DE OLIVA
¡Perdón, Padre Gaitán! ¡Perdón para esta pobre anciana que ya ha perdido el entendimiento! ¡Perdón, perdón!

GAITAN

Lo pensaré. Ofensas tan dolorosas, sólo pueden aliviarse con grandes esfuerzos. Esperad un poco. Si las cosas siguen tomando cierto cariz, os diré exactamente cómo complacerme

Gaitán y María de Oliva salen


LUISA
¡La siento! ¡Es la gracia! ¡Se acerca la gracia!

DIEGO

Alabado sea nuestro Señor

INES

¡Alabados los cielos!

LUISA

¡Alabada sea Rosita!

INES

¡Alabados los ángeles!

ISABEL

¡Alabadas seamos nosotras!

ANA MARIA

¡Milagro! ¡Estoy preñada! ¡Milagrooo!

DIEGO

¿Cómo?

ANA MARIA

¡Apenas alzasteis la hostia, sentí latidos en mi interior! ¡Estoy preñada, sí, no cabe duda! ¡Acabo de ser preñada por el Espíritu Santo!

ISABEL

¡Vaya mote para el zambo que te perjudicó, hereje!

DIEGO

¡Silencio! ¡Ana María, cuidado con lo que decís!

ANA MARIA

¿No vio esa luz, Padre? ¡Una luz que cayó sobre mi cabeza apenas vuesamerced invocó el nombre de Cristo con la hostia! ¡El Espíritu Santo ha visitado mi cuerpo y... ay! ¡Ay, ay! ¡Mirad! ¡Mi vientre crece!

Se despoja del delantal, que en efecto muestra un vientre de varios meses


INES

¡Es cierto!

LUISA

¡Prodigio! ¡Padre Diego, es un prodigio!

DIEGO

¡Acabamos de ser testigos de un milagro! ¡Ana María, el cielo te ha bendecido! ¡El señor acaba de revelarse una vez más entre vosotras!

ISABEL

¿Estás segura que lo acabas de saber?

LUISA

¡Isabel, no ofendas a Dios dudando de sus maravillas! ¡Alabado sea!

DIEGO

¡Primero Rosa y ahora vosotras! ¡Bendita sea Lima, bendito todo el virreinato del Perú! ¡Bendito sea este nuevo mundo regado por la gracia!

LUISA

¡Bendito el amor!

INES

(Mirando a Diego)  ¡El amor prendido de un hilo que une los corazones!

Oscuro rápido


Se abren luces. Mariana habla al publico. Cerca de ella y aún congelados, Isabel y un Indio


MARIANA

Doña Luisa y las otras nunca han entendido a Rosita. Creen que parecidas a ella pueden ser si se ponen el cilicio. Rosita se lo ponía para espantar las culpas que la atormentaban. Para que Dios la perdone por usar en blancos los remedios que le enseñó el curaca. Por callar las veces que los indios en su dolor llamaban a sus dioses. Por no decirle al Santo Oficio que encontró a un judío haciéndose pasar por cristiano entre sus enfermos. Por callar y no denunciar a las mujeres que se habían arrancado los retoños del vientre. Por toda esa culpa se hizo propósito de sufrir, porque quien trabaja con las miserias del cuerpo está más cerca que nadie de lo humano. Por eso usó el cilicio y la corona de espinas. Ellas creen que por agradar a Dios, pero se engañan. Rosita es más que santa. Es un Apu

Isabel y el Indio descongelan


ISABEL

Papas, un costal de papas. Y seis arrobas de maíz tierno, el de la primera cosecha. Y lana de tus alpacas

INDIO

No tengo alpacas, mamita. Ovejas nomás será

 

ISABEL

Ovejas carneros, lo mismo es. Quien pide al cielo y es mezquino, recibirá el doble pero en desgracias. Trae todo eso mañana y rezaremos juntos

INDIO

¿No puedes rezar desde ahora? Mi taita necesita hartos rezos para regresar vivo de la mita.

ISABEL

¡Indio incrédulo!  ¿Desconfías de quien se habla de tú a tú con los ángeles? ¡Zafe, vete!

El Indio se va. Se cruza con Inés


INES

¿Dónde está Luisa Melgarejo?

ISABEL

Para encontrarla, basta seguir las huellas del padre Diego

INES

¿Pero qué tanto habla con él?

ISABEL

Tanto como escribe vuesamerced

Inés sale. Un cenital ilumina a Isabel


ISABEL

Los chicotazos que parten de mi mano son como caricias comparadas con los golpes que me propinaba mi esposo. El se queda bebiendo en las tabernas hasta el amanecer y yo me azoto. Desnuda como una fruta pelada, ofreciendo mi dolor a nuestro Señor y a Rosita que hoy está con él. Dios toma nota de mis sacrificios. Y si es misericordioso conmigo, cuando muera -que tampoco hay apuro, por cierto- me hará un lugar al lado de ella, y los tres viviremos eternamente muy juntos, pegaditos, acurrucados cerca de los rayos del sol. Rosita decía que Cristo era su esposo, que siempre la visitaba cerca al mediodía para prodigarle amor. Ella hasta lo celaba, le reclamaba las tardes en que no se aparecía. Suerte de marido el suyo. Quizás por eso Cristo sea divino, porque no hay hombre sobre la tierra que soporte reclamos sin responder con un puntapié. Muchos años hace que a causa de esos puntapiés en mi vientre, perdí a un angelito y quedé seca para siempre. Extraño angelito sin rostro ni alas, pues solo vi una enorme mancha de sangre manando de mis partes. Luego de seis días de fiebre, tuve fuerzas para levantarme y lo primero que hice fue limpiar la sangre seca en las puntas de las botas de mi esposo. Así fue durante largo tiempo, hasta que empecé a sufrir arrobos mientras rezaba con Rosita, la Melgarejo y hasta con la mentecata de Ana María. Desde entonces él ya no se atreve a ponerme un dedo encima. Ya ningún hombre me pega. Ahora yo me azoto, sola. Pero el dolor es nada, porque gracias a él Rosita me aseguró un lugar en el cielo y quizás, con suerte hasta permita que Cristo me dé un beso

Se ilumina la celda de Diego. Hay un crucifijo muy grande en su pared. Entra Luisa. Se miren. Pausa

DIEGO

Os... veo fatigada

LUISA

Cómo no estarlo después de tantos trajines

DIEGO

¿Tenéis fuerzas para orar?

 

LUISA

Siempre que sea con vos

Ambos se arrodillan frente a frente. La cruz en diagonal e ellos. Luisa cierra los ojos


DIEGO

¿Qué ves, Luisa?

LUISA

El amor...

DIEGO

¿Y cómo es el amor?

LUISA

Un cuerpo magullado por los mordiscos del demonio

DlEGO

El demonio...

LUISA

Un cuerpo desnudo con señales de lucha...

DIEGO

Desnudo... sí... yo también lo veo...

LUISA

Pero yo detengo al demonio con mis pechos. Ellos manan leche. Son alimento, igual que la hostia que me dais en comunión

DIEGO

Lo son...

LUISA

Y también mis partes de mujer sangran como sangraba Cristo camino a la cruz

DIEGO

Bendita sangre...

LUISA

Mi cuerpo alimenta sufre y redime. Mi cuerpo es como el de Cristo

DlEGO

Santa sangre...

LUISA

Cuerpo de Cristo...

DIEGO
Santos vuestros pechos... y vuestras partes

LUISA

Cuerpo de Cristo...

DIEGO

¡Luisa...!

LUISA
Cuerpo de Cristo...

DIEGO

Luisa... ¡basta..!

LUISA

¡No, no basta!  ¡El es mis senos, él es mis partes!  ¡Es el mismo cuerpo de Cristo!

Diego tiene un orgasmo. Habla casi entre lágrimas


DIEGO
Luisa...

LUISA

Padre, ¿Me amáis?

DIEGO

En él...

LUISA

Me amáis

DIEGO
En él...

LUISA

Entonces será eternamente

Oscuro sobre ellos. Pasamos a Gaitán delante de un joven fraile franciscano muy nervioso que mira al suelo humildemente

GAITAN

Tardasteis en venir

FRAILE FRANCISCANO

Perdón, su eminencia. Fue... por encargos de mi superior...

GAITAN

Vuestro superior no es aquel estúpido Fray Jerónimo, gordo como un buey que se harta de vino y pasteles de las Clarisas. Vuestro único verdadero superior es Dios, y el Santo Oficio en representación suya. ¿Queda claro?

FRAILE FRANCISCANO
Claro, su eminencia. Como el agua cristalina

GAITAN

Agua. Una de las dos materias de las que están compuestos todos los franciscanos. Agua en su vientre y aire en sus cabezas. Sois muy joven, fraile. ¿Qué edad tenéis?

FRAILE FRANCISCANO

Veinticinco, con la gracia de Dios

GAITAN

Entonces mando que veinticinco azotes os deis esta noche, pues es pecado poseer tanta juventud. ¿Sois confesor?
FRAILE FRANCISCANO
(Asiente) En la iglesia de San Francisco

GAITAN

El Santo Oficio tiene órdenes para vos, fraile

FRAILE FRANCISCANO

¿Ordenes?

GAITAN

He sabido que Isabel de Ormaza y Ana María Pérez últimamente se confiesan con vos

FRAILE FRANCISCANO

Yo... no conozco el nombre de las fieles...

GAITAN

Empezamos muy mal, fraile. En este lugar, el camino de las mentiras termina en las mazmorras

FRAILE FRANCISCANO

(Temblando) Ana María Pérez... Isabel de Ormaza, sí. Creo que las recuerdo

GAITAN

Sí, claro. Vuesamerced sería capaz de recordar el linaje completo de las doce tribus de Israel si yo os lo pregunto. Y por ello, a partir de hoy vuestra memoria se aguzará para anotar cuánta frase, confesión y comentario de esas mujeres se deposite en vos... y transmitírmelo con gran presteza

FRAILE FRANCISCANO

¿El secreto de confesión?

GAITAN

Secretos solo los que existen entre vos y yo, fraile. Todas las demás palabras son propiedad de Dios. Palabras y almas son de la misma materia cuando se trata dei pecado

Oscuro sobre ellos


Se abren luces. María de Oliva entra corriendo muy agitada


MARIA DE OLIVA

¡Blasfemia! ¡Blasfemia!

Entra Diego alarmado


DIEGO
¡Silencio, María de Oliva!

MARIA DE OLlVA

¡Todas las mujeres de la ciudad están delante de casa de Luisa Melgarejo en vez de la procesión del Santísimo! ¿Qué ocurre, Padre? ¿Es que Lima entera terminó por perder el juicio?

DIEGO

¡El hijo de Ana María está por nacer!

MARIA DE OLIVA

¡Y vos los celebráis! ¡Vos sois el primero en azuzar a la plebe para que adoren a ese hatajo de locas!

DIEGO
¡María de Oliva, modere sus palabras! ¡El hijo de la Pérez fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo! ¡Durante el trance de parto puede manifestarse una señal!

MARIA DE OLIVA

¡Por cierto! ¡Todas las mujeres de Lima juntas y rezando frente e su puerta, hombro con hombro, blancas, indias, negras, casadas y doncellas, hidalgas y mendigas, todas juntas como si fueran hermanas! ¡Señal del fin del mundo, no cabe duda! ¿Acaso queréis peor señal?

Iluminamos a Ana María sobre una cama en trance de parto. Luisa, Isabel, Inés y Mariana ayudándola y agitadas. En off, los rezos de cientos de mujeres

ANA MARIA

¡Ya viene!

MARIANA

¡Tranquila, mamita! ¡Todavía no se asoma la cabeza!

ANA MARIA

¡Virgen santísima, que va a nacer!

INES

Qué diferencia con el parto de mi benjamín. Mi Luisito vino al mundo sin causarme dolor, suave y limpio como un ángel

LUISA

¡Inés, no es momento de hablar de vuestros hijos! ¡Mariana, trae agua!

ISABEL

Es inútil. Por más que lavéis al crío, no podrán desteñirlo

INES

Nuestra Señora me ha dicho que mi Luisito, ha de ser reformador de la religión

ISABEL

¡Ande! ¡Eso sí que es noticia!


lNES
Solo por contar una, entre las muchas otras cosas igual de importantes que le están destinadas en el mundo. Yo misma le he escuchado a mi niño comentarios acerca de mis escritos

LUISA

Vuestro hijo tiene dos años y apenas habla en media lengua. Sus babas y agús no pueden ser doctrina

INES

¡Pues paciencia, que a su tiempo sabrá explicarse mejor! Eso también me dijo nuestra Señora

LUISA

O nuestra Señora es tan locuaz con vos que se nota tiene mucho tiempo que perder, o vuesamerced la importuna tanto que ella dice cualquier cosa para que la dejes tranquila

INES

¡La envidia por la perfección de mi hijo os obnubila!

ANA MARIA

¡A callar! ¡Aprendan de mí, que no me envanezco de que mi hijo fue engendrado por el mismísimo Espíritu Santo!

ISABEL

Pronto veremos si tu congo opina igual

ANA MARIA

¡Mi marido no se atreverá a quitármelo cuando nazca! ¡Todo Lima sabe de su divina procedencia!

ISABEL

Si los cuernos fueran divinos, toros habría en los altares...

LUISA

Tranquila, Ana María. ¡Nunca más nadie ha de despojarnos de lo que amemos!

ANA MARIA

¡Ay... me parto en dos! ¡Que me parto en dos!

MARIANA

¡Ahora sí! ¡Ya viene!

LUISA

¡Fuerza, Ana María! ¡Rosa está contenta y nos mira desde el cielo!

ANA MARIA

(Pujando) ¡Háblame de ella... de Rosita... habla!

LUlSA

¡Rosa vive en nosotras! ¡Dios vive en nosotras!

MARIANA

¡Ya se ve la cabecita!

IN ES

(Arrobándose) ¡Ay Dios mío! ¡Voy a volar!

LUISA

¡Cristo verbo se hizo carne para salvar a los hombres y los cuerpos de las mujeres son como el suyo! ¡Derramamos sangre, así como El derramó la suya en la Pasión! ¡Alimentamos a los hombres con nuestros pechos, así como El nos alimenta con la hostia! ¡Damos vida con el parto, así como El nos dio vida nueva con su redención! ¡Somos como Cristo! ¡Somos como El!

Ana María da un alarido


MARIANA

¡Nació!

ISABEL

¡Es varón!

LUISA

¡Un querubín!

INES

¡Aleluya!

 

Mariana envuelve al recién nacido en una tela. Todas lo miran enternecidas


MARIANA

¡Se parece al Padrecito Loaysa!

ANA MARIA

¡Vaya noticia! Todos los recién nacidos tienen cara de frailes

De pronto, Inés se eleva. Todas entran en paroxismo


INES

¡Puedo volar!

ISABEL

¡Es cierto!

MARlANA

¡Mamita Inés! ¡Lo conseguiste!

INES

¡Mi cuerpo se eleva! ¡Estoy volando!

ANA MARIA

¡Mi hijo será rey entre los hombres!

ISABEL

¡Somos santas! ¡Somos santas!

MARIANA

¡Rosita! ¡Míranos desde el cielo!

LUISA

¡No ha menester! ¡El cielo está en nosotras!

ISABEL

¡Gloria a nuestra santidad!

INES

¡Abran paso vientos! ¡Abran paso nubes!

ANA MARIA

¡Rey por gracia de Dios! ¡Y más que rey, mucho más que rey!  ¡Mi hijo será blanco!

lSABEL
¡Somos santas! ¿Qué esperamos para abandonar esta tierra?

INES

¡Puedo volar! ¡Volar hasta los cielos!

Las cinco gritan a la vez. Oscuro lento


FIN DEL PRIMER ACTO


ACTO SEGUNDO


Abrimos con Inés en una elevación. Un indio y una anciana la miran asombrados

INES

¡Voy a volar! ¡Volar hasta los cielos!

ANCIANA

¡Se va a matar!

INDIO

¡Arrójate, mamay!

 

INES

¡Mis brazos son alas, timones mis piernas y mi cuerpo una nube! ¡Volaré hasta los mismos pies de Dios! ¡Pronto! ¡Llamen a Luisa Melgarejo!

Llegan Isabel, Ana María y Mariana


ANA MARIA

¡Válgame! ¡De nuevo!

ISABEL

¡Señora, ni siquiera hay brisa! ¡Puedes matarte!

 

MARIANA

¡Bájate mejor!

 

INDIO

¡Tírate, mamita!

 

INES

¿Por qué tantas dudas?  ¡Ya he demostrado con creces que soy capaz!

 

ANA MAR1A

¡Con creces no! ¡Que flotaste una vez, lo creemos, pero arrojarte desde semejante altura ya es otro cantar!

 

INES

¡Llamen a Luisa Melgarejo! ¡Ordeno que ella sea testigo de mi vuelo!

MARIANA

¡Siempre pides lo mismo!

 

ISABEL

¡Y siempre es la misma respuesta: doña Luisa está muy ocupada, meditando con... con quien vuesamerced ya sabe! ¡Es inútil que insistas en tenerla por testigo!

 

INES

¡Esta vez tendrá que venir! ¡Luisa Melgarejo! ¡Que tus ojos sirvan para mirar algo que no sea la sotana del padre Martínez!

 

ANCIANA

¿Qué dice?

 

MARIANA

¡Nada, es sólo el viento!

ANA MARIA

¡Baja, señora! ¡Un tropiezo y puede ser tu fin!

INES
¡Ustedes serán mis testigos! ¡Voy a volar!

 

ANCIANA

¡Se partirá la crisma, mi Dios del cielo!

 

INDIO

¡Hazte a un lado, mamay! ¡La sangre va a salpicarte!

 

INES

¡A la una...!

lSABEL
¡No lo hagas!

 

INES

¡A las dos... y a las tres!

Inés se arroja. Ruido

 

ANCIANA

¡Se mató!

ISABEL

¡Cristo bendito!

ANA MARIA

¡Señora Inés!

Se oyen quejidos de dolor


MARIANA

¡Hay que auxiliarla! ¡Está viva!

INDIO

¡Se cayó la voladora! ¡No es pájaro, ni mosca ni mariposa! ¡Se cayó la voladora!

Luces sobre el indignado Gaitán con Diego


GAITAN

¡Son peores que la peste!

DIEGO
No habléis así

GAITAN

¡La peste digo! ! ¡Decenas de mujeres gritando en los templos, los conventos y hasta las calles, convencidas de que Dios ha entrado en sus corazones y es al único señor al cual deben obediencia!

DIEGO
¿Y está mal que sea así?

GAITAN
¿Qué esperáis? ¿Que mañana todos los varones de la ciudad se presenten ante vuestras puertas a reclamar qué hicieron con sus mujeres y sus hijas?

DIEGO
Nosotros apenas estimulamos su fe

GAITAN

¡No! ¡Vosotros habéis creado monstruos! ¡Habéis llenado las pobres molleras de hembras con ideas de santidad, beatitud, iluminación! ¡Ahora la mitad de las mujeres de esta villa tienen “revelaciones”, pero ninguna les ordena llevar la casa y atender al marido! ¡Todas creen ser doctas en el dogma de la santísima Trinidad y han olvidado cómo guisar tocino!

DIEGO
Tampoco acepto que vuesamerced achaque a la orden de la Compañía toda la culpa

 

GAITAN

¡De la Compañía no hablo, sino de vos! Todo comenzó a causa de la Meigarejo. Esa mujer os sorbió el seso, Padre Martínez. Hace de vos un pelele y temo que hasta un hazmerreír

 

DIEGO

¡Dios se manifiesta en Luisa Melgarejo!

 

GAITAN

Lo único que se manifiesta en esa mujer es vuestra incontinencia

 

DIEGQ

¡Padre... su eminencia me ofende!

 

GAITAN

Lujuria sin carne, lujuria sin piel. Solo deseo. Puro deseo, que es peor. Puedo luchar contra un fraile solicitante: es simple. Su pecado es burdo, zafio como los apetitos que satisface. Pero no puedo castigar la lujuria de vuestra alma, Padre. Vuestra alma no tiene miembros viriles, pero es puro deseo

 

DIEGO

Pues no dejaré que la maltraten. Ni yo ni su esposo el Doctor De Soto lo hemos de permitir

GAlTAN
¿Es un desafío al Santo Oficio?

 

DIEGO

Es una afirmación

 

GAITAN

No estáis midiendo el alcance de vuestras palabras

 

DIEGO

Todas ellas son apenas mujeres que buscan a Dios imitando la santidad de Rosa. Vuestra favorita

GAITAN
¿Ya no sólo defendéis a la Melgarejo? ¿También a su enjambre?

DIEGO

Defiendo la obra de Dios encarnada en quienes siguen la senda de la mujer que la congregación de Santo Domingo patrocina con tantos fervores

Gaitán lo mira un instante, toma aire y se calma


GAlTAN

No es mi intención enfrentar a las órdenes, Padre. Si vuesamerced cree de buena fe que Luisa Melgarejo es digna de acompañar a Rosa Flores de Oliva en reputación de santidad, yo estoy dispuesto a dar un voto de confianza a pesar de mis reservas

DIEGO

Agradezco de corazón esas palabras... y perdonad mi aspereza de hace unos momentos

GAITAN

La achaco a vuestra juventud y lozanía. Se dice que a vuestra edad la lengua es un músculo que actúa separado del buen juicio, guiado solamente por la impunidad que da la hermosura

Gaitán acaricia la mejilla de Diego. Este se siente algo incómodo, pero no se atreve a manifestarlo

DIEGO

“Se dice”. ¿Acaso no lo recordáis?

GAITAN

No recuerdo haber sido joven... mucho menos hermoso. Por ello, ahora que tengo la certeza de ya no serlo jamás, no sufro de nostalgia alguna. En cambio vuesamerced sí, Padre Martínez. Vuesamerced sufrirá, y mucho. Yo he pasado por la vida desconociendo el placer de sentir las formas rozagantes y firmes. Por el contrario, vuestras carnes se irán cayendo como un colgajo poco a poco sin que podáis evitarlo. Sentiréis cada surco y arruga como un tajo en el rostro. Será triste. Mucho más para vos

DIEGO

¿Puedo irme con la certeza de que entre nosotros reina la paz?

Gaitán asiente. Diego hace una venia y se va

Luces sobre Inés que camina con cuidado. Ana María la ayuda. Luisa entra

LUISA

Celebro que estés completamente repuesta, y por lo mismo te prohibo que vuelvas a cometer disparates

INES

No sé de qué hablas, pues no conozco mujer más cuerda que yo

LUISA

¡Basta, Inés! ¡Muy flaco favor le haces al recuerdo de Rosa si pretendes vivir imitando a sus mosquitos!

INES

¡Si leyeras mi cuaderno vigésimo tercero, podrías enterarte de cómo alcanzar el éxtasis y elevarte hasta los cielos!

LUISA

¡No lo necesito! ¡Yo me elevo en alma, y sola!

INES
¡Yo seré más santa que vos! ¡Por algo tengo entre mis reliquias la misma pluma que usó fray Luis de Granada para escribir, y hasta uno de los panes benditos por San Nicolás Tolentino!

LUISA

¡Falsas reliquias! ¡Tan falsa es tu sapiencia como verdadera tu arrogancia!

INES

¡Guarda tus furias, Luisa Melgarejo! ¡Seré santa y además teóloga!

LUISA

¡Confusa doctrina la vuestra, que necesita de tantos cuadernos para expresar la única verdad!

INES

¡Y escasa mollera la vuestra, que con esfuerzos logra entender una sola!

Mariana entra alarmada


MARIANA

Mamitas. Afuera las escuchan

LUISA

Me habéis hecho pecar. Necesito confesión

lNES
Mejor di necesitar pretexto para acudir a tu confesor. Lástima, pues a esta hora el Padre Martínez ya no se encuentra en la iglesia

 

LUISA

Tienes demasiado presente su rutina y quehaceres

 

INES

El principal sois vos

Luisa se va e Inés hace lo mismo por el lado opuesto. Ahora entra Isabel y mira furiosa a Ana María

ISABEL

¿Dónde están mis cincuenta pesos?

ANA MARlA

¿Qué?

ISABEL

¡No mires a otro lado, negra bribona! ¡Vuesamerced vio cuando los ocultaba en mi arcón! ¿Quién si no vos habría de cogerlos? ¡Devuelve mis cincuenta pesos!

ANA MARIA

¿Me acusas de ladrona, a mí? ¿A la madre del futuro rey? ¡Estás chalada!

lSABEL
¡Antes que madre de tu bastardo, también eres madre de las ostras! ¡Dame mi dinero!

 

ANA MARIA

¡Socorro! ¡La de Ormaza me insulta, a mí que soy santa! ¡Hereje!

ISABEL

¡Calla, candelejona! ¡Cualquier insulto, menos ese!

ANA MARIA

¡Perra!

ISABEL

¡Zorra!

 

ANA MARlA

¡Puerca!

 

ISABEL

¡Puta!

Las dos se van persiguiendo. Mariana queda sola y se encoge de hombros. Ana María e Isabel aparecen ahora confesándose, una a cada lado del fraile franciscano, de frente al público

ANA MARIA

Isabel deja que el diablo acaricie sus vergüenzas durante la noche. Yo lo he visto

ISABEL

Ana María desconoce si su hijo es del patrón, del confesor o del marido. Yo lo afirmo

ANA MARIA

Zurce honras para falsificar doncellas

ISABEL

Prepara potajes con recetas sacadas del infierno

ANA MARIA

Cobra diez reales por interceder ante Dios

ISABEL

Recoge semen para fabricar hechizos y compotas

ANA MARIA

Estafa a necios con embustes y mentiras

ISABEL

Vende pócimas hechas de excremento

 

FRAILE FRANCISCANQ

Seguid. ¿Qué más? Seguid

ANA MARIA

No hay más que contar

ISABEL

Ya me desahogué

 

ANA MARIA

Ya no me oprime el pecho

lSABEL
Ya me alivió el estómago

 

ANA MARIA

Es secreto de confesión

ISABEL

Secreto de confesión

FRAILE FRANCISCANO

Secreto de confesión. Sólo entre Dios y yo

Ahora el Fraile va donde Gaitán


FRAILE FRANCISCANO

¿Con ello basta?

 

GAITAN

Cuando mucho como testimonio a menos que se abra un proceso. Proceso que aún no existe

Entra María de Oliva


MARIA DE OLlVA

Inés de Velasco se repuso con rapidez de su caída. La india Mariana le aplicó emplastos todos los días, con igual esmero a como curaba mi hija

GAITAN

María de Oliva, ya no basta con triviales informes sobre lo que hacen o dejan de hacer esas infelices

MARIA DE OLlVA

Yo pensaba que su eminencia aceptaba mi humilde ayuda como parte de mi penitencia

 

GAITAN

La acepto, pero no es suficiente. Quiero escuchar que a partir de este momento ofrecéis vuestros ojos, oídos y olfato a colaborar con las averiguaciones del Santo Oficio. Averiguaciones avanzadas, pero que aún requieren de una simple denuncia para poner a girar la rueda de su justicia

 

MARIA DE OLlVA

Por piedad... no me pidáis que yo las denuncie sin pruebas reales de sus mañas y malas artes. No me atrevo a desafiar a los millares de vecinos que las protegen. ¡Sería lapidada por toda la Ciudad de los Reyes!

GAITAN

Lo sé. La plebe adora a quien le dice lo que quiere oír. Pero aunque os tengan ojeriza, vuesamerced las frecuenta y conoce bien. Tantas féminas juntas y a cual de peor madera que la otra, imposible es que puedan soportarse demasiado tiempo. ¿Cómo hacer que alguna de ellas denuncie a las demás?

MARIA DE OLIVA

¿Denunciarse unas a atrás? Sería su perdición y no las creo tan ingenuas

 

GAITAN

Vuesamerced tampoco lo es, por tanto pensad cómo lograrlo. Lo dejo a vuestro libre albedrío, María de Oliva. Sin escatimar recursos, maneras o argucias en caso sea necesario. Si os doy la licencia, Dios no permitirá errores.

María de Oliva sonríe maliciosa. Cruza el escenario y se acerca a Inés, que revisa algunos de sus cuadernos

MARIA DE OLIVA

Desde que el Padre Diego anunció en el púlpito que en el futuro acompañaréis a mi hija en los altares, ya no dudo de vuestras mercedes

INES

Dudar de nosotras sería de necios, doña María

MARIA DE OLIVA

Ahora creo. Creo y me arrepiento de mis palabras malsonantes del pasado. ¿Qué puedo hacer para merecer vuestro perdón?

INES

¿Sabéis leer?

MARIA OE OLIVA

Con algunos trabajos. Mi vista ya no es la de antes

INES

Si vuesamerced lee mis cuatro últimos volúmenes y me confirma que son ricos en piedad, sabiduría y excelente juicio, se hará merecedora de mi eterna amistad

MARIA DE OLIVA

Lo haré con mucho gusto. Aunque soy ignorante en teología... a diferencia de un sacerdote como el padre Diego Martínez

INES

El Padre Diego solamente leyó los primeros. Nunca se da tiempo para los que siguen

MARIA DE OLIVA

¿Qué otra ocupación puede ser más importante que leer tan importantes revelaciones? Nadie para entender la fe como el Padre Martínez

lNES
El anda en... cosas muy suyas y de Luisa Melgarejo

MARlA DE OLIVA

Extraño. Luisa Melgarejo apenas sabe escribir su nombre. ¿Será que el Padre Diego aprecia en ella otras virtudes? Lo creo imposible

INES

No me hagáis hablar, doña María. No me hagáis hablar

MARIA DE OLlVA

A menos que él no quiera herirla y soporte con resignación su presencia. Cuando, en cambio, podría disfrutar de más sabias y preclaras compañías...

INES
¿Cómo saberlo, si no manifiesta el interés?

MARIA DE OLlVA
¿Acaso es Dios quien se acerca a los pobres mortales? Somos nosotros quienes lo buscamos

INES

Y lo buscamos por medio de la oración. Escrito está

MARIA DE OLIVA

No perdáis más tiempo, Inés de Velasco. Presentaos ante él como lo hizo Jesucristo según las escrituras. Como ladrón en la noche

Inés sonríe. Se abren luces sobre la celda de Diego. El está en túnica interior de lino, descalzo y refrescándose el rostro y el pecho con agua de una paila. Aparece Inés. El se sorprende

DIEGO
Inés. ¿Qué deseáis?

INES

Unicamente rezar al lado de vuesamerced

DIEGO
¿Aquí? ¿En mi celda?

INES
Luisa Melgarejo lo hace a menudo. ¿Soy yo menos digna?

Diego busca apurado su hábito para cubrirse

DIEGO

Voltead. Estoy casi desnudo

INES

Veo mis últimos cuadernos allí, apilados. No los habéis abierto siquiera

DIEGO

No es cosa que pueda hacerse de un día a otro. Salid, por gracia de Dios. Pueden pensar mal

lNES
Vuesamerced es un sacerdote y yo una beata. ¿Quién osaría pensar mal?

DIEGO

Salid, Inés

INES

Es vuesamerced quien piensa mal, nadie más. Y si lo piensa es porque teme la tentación. Pero no vine a tentarlo, nada más lejos de mí. Solo quiero orar

DIEGO

Orad entonces en la sacristía. Luego os alcanzo

Diego le da la espalda. Inés espera algún gesto amable, pero nada. Decide hablar

INES

Antes quiero me responda a una pregunta. Dígame, Padre. ¿El cuerpo de Luisa Melgarejo es hermoso?
DIEGO
¡Qué decís!

INES

¿Lo es, Padre? ¿Es muy hermoso? Debe ser que ella nunca ha sufrido rigores pues nació rica. Ni tampoco ha parido hijos como yo, ni los ha hecho mamar de sus senos. Sin embargo ella ha de morir seca. Seca y amargada como un higo verde dejado al sol


DIEGO
Inés... no me agradan vuestras palabras

INES

Puede que sus pechos sean blancos, firmes y helados como el mármol. Pero los míos son de mujer humana y enrojecen y tiemblan al más mínimo roce. ¿Queréis tocarlos?

Inés se desabrocha un poco de su corpiño. Diego la mira aterrorizado


DIEGO

¡Basta, Satán!

INES

¡No, no Satán! ¡Satán es el pecado y Dios el amor! ¡Tocadme la cara, Padre! ¡Mi rostro es el de Dios!

DlEGO

¡Blasfemia! ¡Estáis fuera de vos!

Inés trata de tomar las manos de Diego y llevarlas a su cuerpo con desesperación


INES

¡No, no quiero que solamente me miréis! ¡Se mira igual a una piedra, a un enemigo o a un cadáver! ¡Las miradas están sueltas, se dispersan, no tienen hilos que puedan sujetarlas a nada en esta tierra! ¡En cambio las manos sí! ¡Por ellas escribo, por ellas soy humana y por ellas quiero conocer el amor! ¡Tóqueme, Padre Diego! ¡Tóqueme aunque sea una vez!

Diego la empuja con violencia. La hace caer al suelo

DIEGO

¡Fuera! ¡Estáis poseída!  ¡Demonio!

INES

¡Sólo una vez!

DIEGO
¡Nunca! ¡Alejaos de Luisa y de las otras, Inés de Velasco! ¡Sea humana o demoniaca, igual vuestra lascivia echará a perder la santidad que ellas sí poseen! ¡Si no sois un súcubo, cuando menos sois una loca!

INES

¡No me hable así!

DIEGO
¡Fuera!

Inés se va llorando amargamente.

Se abren luces sobre María de Oliva. A cada lado de ella - en diferentes lugares - Ana María e Isabel. María de Oliva sostiene el diálogo simultáneamente con cada una

MARIA DE OLIVA

(Saborea un bocadillo) Exquisito. No he probado manjar más sabroso en toda mi vida

ANA MARIA

Estoy segura de ello. Los blancos son muy afectos a la buena mesa, pero mientras se resistan a usar los condimentos de las indias, sus potajes seguirán siendo desabridos y sosos. Excepto los que salgan de mis manos, claro está

MARIA DE OLlVA

(Acaricia un bordado) Qué bordado más perfecto. Digno de ser usado por la misma madre de Dios

ISABEL
¡Pero claro! Si ella sólo usa las túnicas que yo le coso, y alaba mi hechura y acabados cuantas veces subo yo al cielo a visitarla. Tanto le agradan, que ya convenció a Santa Genoveva y Santa Ana de que también me pidan algunas

MARIA DE OLIVA

Santa en los altares y reina en la cocina. ¡Qué virtudes, Ana María, que virtudes! Con justa razón Don Gonzalo de la Maza dice por doquier que vuesamerced vale su peso en oro

ANA MARIA

Lo sé, y hace muy bien. Al cabo, también se ensalza el pregonero gracias a la calidad de la mercancía que pregona

MARIA DE OLIVA

Vuestras manos son benditas, Isabel. Afortunados quienes podemos besarlas y sentir que llevan el hálito del paraíso

ISABEL

Bese, bese, que algo ha de contagiarse de mi perfección

MARlA DE OLlVA

La única que suele dudar a voz en cuello de vuestros méritos y virtudes es... no. Prefiero no decirlo

ANA MARlA
¿La única que lo duda es quién? Hable, doña María

ISABEL

¿Las únicas? ¿Como si no bastara con una bellaca, por mala ventura hay dos?

MARIA DE OLIVA

¡Dios me salve de sembrar cizaña! Nadie. No es nadie

ANA MARIA

Si es la de Ormaza dígalo de una vez, que con el tamaño de su lengua bien se puede alfombrar el purgatorio

ISABEL

Si son doña Inés y el pajarraco negro que tiene por mascota, llevo ya demasiados años soportando sus temeridades

MARIA DE OLlVA

Mi única intención es preveniros, nada más. Estar próxima a quien vive en pecado puede dañar reputaciones y futuras santidades. Tomad en cuenta el peligro... y conjuradlo antes que llegue a mayores. Es solo el consejo de una pobre madre cuya hija con certeza ya vi camino a los altares

Ahora luces sobre Inés. Se encuentra con Luisa, que la mira con aspereza


LUISA

No. No entréis a rezar conmigo a la iglesia. El Padre Diego me manda decir que os aconseja dejar de la Ciudad de los Reyes. Su pudor le impide darme las razones, pero puedo suponerlas. Os lo advertí, Inés. Los caminos en la tierra son muy estrechos... y vos un pájaro que ha perdido las alas y ya no le queda más remedio que arrastrarse
Inés la mira con infinito odio y sale. Luisa se queda orando sola. Inés Camina unos pasos y mira al frente

INES

Busco al Padre Gaitán. Díganle que vengo a acusar de brujería, herejía, cohecho y pactos con el demonio a Luisa Melgarejo

Luces sobre Isabel y Ana María


ISABEL
Acuso a Inés de Velasco y Ana María Pérez de invocar al demonio para que éste las ayude a volar, guisar o escribir

ANA MARIA

Acuso a Isabel de Ormaza de amistad con un íncubo a cambio de crear ilusión de milagros para quienes le pagan por sus rezos

INES

Invoca el secreto en tal denuncia

lSABEL
Suplico nadie sepa quién las denunció

ANA MARIA

Imploro que mi nombre quede oculto

INES, ISABEL y ANA MARIA

Solo busco quedar limpia y libre de culpa alguna

Oscuro breve. Se abren luces. Mariana aparece dando de gritos


MARIANA

¡La calesita verde! ¡La calesita verde de la Inquisición!

lSABEL
¿Dónde?

Las tres miran aterradas en la misma dirección


ANA MARIA

¡No puede ser!

ISABEL

¡En la puerta de doña Luisa!

 

ANA MARIA

¡Ay Virgen santísima! ¡Qué pueden querer de ella!

MARIANA

Nada bueno ha de ser. ¡Y de vuestras mercedes tampoco, mamitas!

ANA MARlA

¡Qué hablas, india marrana! ¿Qué tengo yo que ver con sus apuros? ¡Lo que doña Luisa haya dicho, de su boca salió y no de la mía!

ISABEL

¡Y de la mía menos!

 

ANA MARIA

¡Ja! ¡Ahora quieres negarla como Pedro, cuando todos saben que sus eructos te parecían cantares!

ISABEL

¡Mientes, desgraciada! ¡Yo siempre he corregido a la Melgarejo! ¡Ya es asunto suyo si se le extravió el cacumen!

ANA MARIA

¡Quien la corrige es doña Inés, y por cierto siguiendo mis consejos!

MARIANA

Pues también están tocando la puerta de la voladora

ISABEL

¡Jesucristo! ¡Las han prendido a las dos!

ANA MARlA

¡Y ahora... ahora miran en dirección nuestra!

ISABEL

¡No esperaré a que vengan por mí! ¡Yo me voy!

MARIANA

¡Huir es peor!

ANA MARIA

¡Tú ayudabas a Rosa a azotarse, por eso estás acostumbrada al dolor! ¡No te impresionan los látigos ni los cilicios, pero cualquiera de ellos son una caricia comparados con los instrumentos de las mazmorras!

Ana María e Isabel huyen. Mariana asustada. Aparece María de Oliva dando voces


MARIA DE OLlVA

¡A ellas! ¡Que se escapan, a ellas! ¡A ellas! (Ve a Mariana) ¡No dejen suelta a la india!

Aparece un agitado fraile dominico. María de Oliva se va corriendo por donde escaparon Ana María e Isabel. El fraile mira con desconfianza a Mariana

FRAILE DOMINICO

¿En qué creéis vos, india?

MARIANA

¡Lo que cree la Santa Iglesia!

FRAILE DOMINICO

¿Y en qué cree la Santa Madre Iglesia?

MARIANA

¡Vuesamerced que eres Padre y sabio, ha de saber mejor que yo, pues!

El fraile dominico la mira con desconfianza. Mariana se las juega


MARIANA

¡Siempre estuve al lado de Rosita! Desde recién nacida, distinto de las otras que la conocieron hace pocos años. Todo lo que sé, ella me lo enseñó. ¿Cómo pues iba a equivocarse con una pobre india, cuando los mismos padrecitos de Santo Domingo dicen en los púlpitos que Rosita vino al mundo para bendecir a todos los nacidos en estas nuevas tierras del Señor?

El fraile dominico comprende que no puede tocarla. Habla a unos supuestos acompañantes


FRAILE DOMINICO

Esta infeliz no cuenta. ¡A por las demás!

El fraile se va corriendo por donde se fue María de Oliva. Mariana mira al cielo y se arrodilla

Luces sobre Gaitán, dándole pan a una anciana con el rostro cubierto. Entra el agitado y angustiado Diego

GAITAN

Buen día, Padre. ¿A qué se debe el mal semblante?

DIEGO

¿Qué burla es ésta?

GAITAN

¿Burla? ¿Tengo cara de actor de la comedia?

DIEGO

¡Anoche doña Luisa fue prendida por el Santo Oficio!

GAITAN

Sois el primero en darme la noticia. Como vuesamerced puede ver, me encuentro repartiendo el desayuno a los desdichados

DIEGO

¡Padre Gaitán, por el amor de Dios...!

GAITAN

Cuidado. No use el divino nombre como una imprecación

DIEGO

Doña Luisa fue denunciada por una vil calumnia. ¡Pero os recuerdo que la ciudad entera sabe que ello no es verdad, y entonces...!

GAlTAN

Verdad. Extraña palabra “verdad”. Padre Diego, ¿vuesamerced se alimentó bien cuando niño?

DIEGO
¿A qué viene tal pregunta?

GAITAN

Porque la forma de percibir la verdad depende de cómo os hayáis alimentado de pequeño. Para un letrado, la verdad es un libro. En cambio para un mendigo es un pedazo de pan. No gastéis vuestra confianza en lo que la gente juzgue como “la verdad”. Dadles de comer y tendréis sus voluntades sujetas en un puño. Basta un poco de pan y se acostumbrarán a pedirlo de por vida. Por un pan que reciban, denunciarán a un hereje. Por dos, testificarán en contra de él. Por tres, avivarán las llamas de su pira. No hay idea en este mundo que no pueda sostenerse a cambio de limosna. ¿De cuál verdad hablamos, entonces?

DIEGO

¡Luisa Melgarejo es inocente!

GAITAN

En tal caso, no temáis

DIEGO

En tal caso ruego... suplico de rodillas a vuesamerced que tenga un poco de piedad

GAITAN

Padre Martínez: bese la mejilla de ésta infeliz

La anciana se descubre el rostro. Diego la mira con asco

DIEGO

¡Es... una leprosa!

LEPROSA

Béseme Padre. Así como nuestro Señor Jesucristo lo hizo

GAITAN

Ya lo escuchó. Bésela

DIEGO
¡No... no me pidáis eso!

Gaitán besa lentamente a le anciana en la mejilla

GAITAN

Dígame ahora. ¿Quién carece de piedad?

Diego se va corriendo asustado.

 

Luces sobre la mazmorra de Luisa en la lnquisición. Diego entra. Ella lo mira desesperada


LUISA

¡Sálveme, Padre!

DIEGO
¡Luisa...!

LUISA

¡Sálveme antes que el demonio eche a perderlo todo! ¡El diablo y toda su corte infernal ha poseído al Santo Oficio!

DIEGO

¡No blasfemes! ¡El Santo Oficio nunca se equivoca!

 

LUISA

¿Cómo vuestra merced puede decirme eso? ¡Me acusan de hereje, a mí! ¡La gente que ayer se arrodillaba a mi paso, hoy grita pidiendo que me envíen a la hoguera! ¡Están hechizados, no cabe duda! ¡Satanás ha enviado a sus huestes maléficas sobre la Ciudad de los Reyes para destruir a una santa!

Diego la mira derrotado, vencido, casi a punto de llorar


DlEGO

¿Y si es vuestra merced quien extravió su juicio? ¿Y si tantas revelaciones y éxtasis fueron engaños del demonio?

LUISA

¡Vuestra merced no puede decirme eso! ¡Cualquier otra persona en este mundo, incluso mi propio esposo! ¡Cualquier inquisidor o sacerdote cegado por los enemigos de Dios y de Rosa, cualquier impío! ¡Pero nunca, jamás vuestra merced!

DIEGO

¡Luisa... estáis perdida!

LUISA

¿Perdida, yo? ¡Es la fe que está perdida! ¡Padre Martínez, no me deje sola!

DIEGO
La única salida... es que reniegues de todo y pidas misericordia

Luisa no puede creer lo que escucha


LUISA

¡Padre... no me deje sola!

DIEGO

No hay nada que pueda hacer por vos. Nada. Ni yo, ni nadie en este mundo

Luisa se arrodilla a sus pies


LUISA

¡Padre, no!

DlEGO

Si te arrepientes con sinceridad, el Santo Oficio te eximirá del castigo. Eres la esposa de un rector, una mujer hidalga. Tendrás privilegios, consideraciones...

LUlSA
¡Cualquier otro, menos vos!

DIEGO

¡Apenas soy un sacerdote, Luisa!

LUISA

¡No! ¡Vuestra merced es mi iglesia y yo vuestra santa! ¡Vuestra merced construyó un altar para mí en la tierra y acompañada de sus oraciones logró elevarme hasta el paraíso!

Luisa no deja de abrazar las rodillas de Diego. Este llora


DIEGO

¡Luisa... piedad!

LUISA

¡No me arrojéis a eilos, Padre! ¡No es a la hoguera que temo, sino a su indiferencia! ¡A su carcajada burlona, a su maledicencia, a su boca llena de basuras! ¡Señor, mándame una hoguera, pero no me arranquéis el cielo!

DIEGO
¡Bastará que te acuses de confusión! ¡No han de tocar tu cuerpo ni hacerlo sufrir en tortura... porque tu cuerpo es como la iglesia!

LUISA

¡Padre, vuestra merced me prometió la santidad! ¡Traicionarme es mil veces peor que arrojarme a los leones!

DlEGO

El error se perdona cuando el arrepentimiento purifica.. Abrid vuestro corazón a la indulgencia del Santo Oficio. Como vuestro confesor y guía espiritual yo... yo os lo ordeno

Luisa lo suelta. Se pone de pie. Ahora lo mira con infinito resentimiento


LUISA

Tembláis de miedo. Me habéis traicionado por miedo, Padre. Ahora Rosa no me aceptará a su lado cuando muera. En vez de palmas, vuestra merced me coronó de espinas

Se abre luces sobre Luisa, Inés, Isabel y Ana María con las manos atadas ante el Tribunal del Santo Oficio presidido por Gaitán y el fraile dominico. María de Oliva observa satisfecha. Mariana a un lado con la cabeza gacha. A un lado, Diego entra a su celda, totalmente derrotado

ISABEL

(Acusando a Inés) ¡Ella es la bruja! ¡Ella, la voladora! ¡Yo vi cuando un diablo sopló en su espalda para que pueda alzarse por los aires!

ANA MARIA

¡Es doña Luisa, fue ella! ¡Ella aturdió mi pobre entendimiento con malas artes y falsas donosuras!

INES

¡Ellas son el rebaño de la Melgarejo! ¡Las primeras que dieron crédito a cuanta patraña salió de esa letrina que tiene por boca!

LUISA

¡Todas ellas han perdido la gracia y ahora el demonio las confunde! ¡Por algo Rosa me regaló el don de ser la única testigo de su ascensión a los cielos! ¡Ella conocía la mayor fortaleza de mi espíritu!

ISABEL

¡Yo no puedo pecar, pues tengo la inocencia de una niña de tres años! ¡La misma Virgen en persona me lo dijo!

 

ANA MARIA

¡Es por mi hijo! ¡Tienen envidia porque he parido un hijo del Espíritu Santo! ¡Mi hijo vencerá a los piratas y los moros, y será el mayor rey jamás conocido en las indias de occidente!

 

GAITAN

(Al dominico) Anote, Padre. Las cuatro se ven bien comidas, bien bebidas, de rostros saludables y llenos que no denotan sacrificios

FRAILE DOMINICO

De ser tan piadosas como pretenden, lucirían llagas, ojeras y fatigas a la manera de los santos y mártires que tanto invocan en sus obtusos delirios

GAITAN

Por si fuera poco -y esto reviste suma gravedad- las cuatro son reputadas como féminas ociosas, excusadas del trabajo doméstico y muy poco afectas a atender a sus maridos como es obligación y menester

ISABEL

¡No es verdad! ¡Mi esposo me maltrata, sí! ¡El sabe de mis contemplaciones y siempre me auxilia con los azotes! ¡Me azota con energía hasta sacarme sangre muy seguido y yo le beso las manos! ¡Beso sus manos rudas que jamás le tiemblan al golpearme, como corresponde a un hombre que cuida de su mujer!

GAlTAN

Lo niega. Aduce que vuestra merced dice infringirse sola el castigo y después no se queja por heridas ni dolores, ni él ve huella alguna de sangre, razón por la que presume son embustes. No es permitido a una mujer elegir sus propias penitencias

ANA MARIA

¡Yo sí trabajo de sol a sol! ¡Soy cocinera, vuestras mercedes lo saben! ¡Preparo potajes exquisitos, y el manjarblanco de gallina que inventé ha ganado fama en la Ciudad de los Reyes! ¡Se hace con leche, harina y pechugas deshuesadas! ¡Cuando las pechugas están cocidas, se deshacen y se mezclan con los demás ingredientes y una cuchara de ají amarillo molido para avivar el sabor!

GAITAN

Vuestra merced misma se condena. Mezclar potajes con condimentos de indios es idea perniciosa, con certeza inspirada por el diablo. Es absurdo e inaudito que una mujer afirme haber “inventado “ cosa alguna sin haber sido previamente guiada por mano de varón

FRAlLE DOMINICO

Mándese agregar a esta causa el testimonio del fraile franciscano que escuchó durante años las escandalosas confesiones de la dicha Ana María Pérez y la dicha Isabel de Ormaza, acusándose entre ambas de tantos pecados, suciedades y vilezas, que se presume han de faltarnos folios para anotarlos completos

ANA MARlA

¡Fue en contesión!

ISABEL

¡Nadie tenía que saberlo!

GAITAN

Este tribunal se reserva para su noble misión sacar al descubierto toda intimidad, secreto u ocultamiento de los involucrados. El Santo Oficio escucha, anota, califica las palabras, y de paso hace votos para que -si Dios quiere- algún día exista mejor registro que guarde y luego muestre los hechos tal cual sucedieron

 

Luces sobre la celda de Diego, que descubre su espalda y empieza a darse de azotes


INES
¡Vuestras eminencias no pueden compararme con esas dos infelices! ¡Yo escribo! ¡Llevo cincuenta y cuatro cuadernos repletos de revelaciones, doctrina y teología! ¡Ya que han sido confiscados al ser mis únicos bienes, suplico que al menos los leáis!

FRAILE DOMlNICO

Quién se tomaría el trabajo de leer cincuenta y tres cuadernos de pamplinas. En letra muy menuda, para mayor dificultad

INES

¡San Agustín y San Benito también escribieron libros! ¿Por qué los míos han de ser peores? ¡También he leído! ¡El Flos Sanctorum, el Perfecto Cristiano, el Romancero Espiritual, el libro de Santa Angela de Fulgi y los métodos de Santa Cristina de Flandes quien gustaba de levitar!

GAITAN

A más culpas, peor defensa. Bastante pernicioso ya es que una mujer ose leer. Pero que escriba, y para más escándalo se atreva a pergeñar “doctrina”, excede con largueza el pecado común para convertirse en herejía de la más baja calaña

Inés de Velasco cae de rodillas aterrada. Luces sobre los azotes de Diego, que habla entre lágrimas

DIEGO

¡No hay santas más santas que vuestras mercedes! ¡Ni los mártires después de muchos tormentos, han alcanzado la perfección de alma que vosotras poseéis! (Se arrepiente) ¡Blasfemia!

Otro azote. Es el turno de Luisa, que mira desafiante a Gaitán


LUISA

Pido la hoguera

Todas la miran incrédulas. Gaitán no se inmuta. La mira con atención


GAITAN

Sois demasiado ambiciosa, Luisa Melgarejo

LUISA

La hoguera es mi justo castigo. (Escupe con furia) ¡He de blasfemar, de escupir mil veces sobre la cruz, renegar de la madre de Dios y maldecir al Santo Oficio hasta quedarme sin resuello! ¡Quiero la hoguera!

GAITAN

Mucho más que eso: queréis el martirio. Que los miserables guarden pedazos de vuestros huesos, los harapos de vuestros vestidos y vuestras uñas chamuscadas como reliquias para que dentro de pocos años digan “mirad, la muela de Luisa Melgarejo me hizo el milagro”. No, Luisa. Basta de soberbia. Tendréis el perdón

LUISA

¿El perdón?

GAITAN

Todos estos años buscaste una eternidad gloriosa, y lo que conseguirás es una breve fama de imbécil. Como imbécil quedarás para el pueblo que ahora te repudia. Como imbécil para las crónicas, imbécil para el recuerdo, imbécil para la historia de los hombres. Luisa Melgarejo: la ingenua hidalga que confundió su entendimiento por tratar de imitar a una verdadera santa

LUISA

¡Quemadme viva!

GAITAN

No tocaremos ni un solo dedo de vuestra mano. Vuestra merced quedará intacta para volver al lecho y tutela de vuestro esposo, quien, para mayor justicia, nos estará de por vida agradecido

LUISA

¡No podéis... no podéis!

GAITAN

Vos merecéis el castigo más severo de todos. La carne arde un momento y ya no sufre más. Pero el alma ardiendo en vida, es el peor adelanto del infierno

Luisa queda inmóvil, derrotada y mirando al frente


GAITAN

¿Tenéis algo más que decir?

LUISA

No. A partir de este instante, no diré una sola palabra más por el resto de mi vida

Luz sobre Diego, que deja de azotarse. De pronto su sonrisa es casi beatífica


DIEGO
Me queda la muerte. Sí. La muerte. No he de pensar en otra cosa, ni nada ha de causarme más gozo y alegría que encaminarme hacia ella en cada minuto que me reste. Bendita sea la muerte entonces, por ser lo único verdadero que no precisa que la toquen

FRAILE DOMINICO
Hemos de leer las sentencias

Mientras lee las sentencias, Inés, Isabel y Ana María son vestidas con un sambenito colocado por María de Oliva

FRAlLE DOMINICO

El Santo Oficio sentencia que, ante la vista y proceso de un grupo de iluminadas que hacíanse llamar beatas. encuentra a dichas mujeres como erróneas, temerarias, escandalosas, impías, injuriosas, peligrosas, arrogantes, presuntuosas y depositarias de muy numerosos pecados, resolviendo contra ellas como sigue

Isabel da un paso al frente


GAlTAN

Isabel de Ormaza, acusada de fingir milagros, traficar influencias celestiales sacando lucro y fomentar casorios con malas artes. Este tribunal la condena a salir en auto de fe y purgar dos años de reclusión

 

ISABEL

(Llorando) ¡Perdón! ¡Me arrepiento, pido piedad! ¡Soy una embaucadora, una embustera! ¡Pido piedad!

GAlTAN

A vista de su sincero arrepentimiento, la misericordia del Santo Oficio trueca la reclusión por doscientos azotes, y observancia y cautela respecto a su conducta por el resto de su vida

FRAILE DOMINICO

(Al público) De la cual jamás volvió a saberse nada en absoluto

Ana María da un paso al frente


GAITAN

Ana María Pérez, “la platera”, por fingirse profetisa, simular éxtasis, engatusar enfermos con pócimas y amuletos, y afirmar que un hijo suyo era futuro rey: quinientos azotes y cinco años de reclusión

ANA MARIA

(Desesperada) ¡Azotes no! ¡Mi piel se llenará de cicatrices que provocarán asco! ¡Azotes no! ¡Mi cuerpo es delicado, se marca con facilidad, está hecho para el deseo! Si lo destrozáis ¿qué ha de quedarme?

FRAILE DOMINlCO
(Al público) De la Pérez tampoco se tuvo más noticia. Ni de su hijo, por cierto

Inés da un paso al frente. El fraile dominico coloca sus cuadernos en un montón en el centro del escenario

GAITAN

Inés de Velasco, apodada “la voladora”. Por fingir éxtasis, raptos, arrobamientos, coloquios con Cristo, y habérsele encontrado cincuenta y cuatro cuadernos repletos de proposiciones heréticas, este tribunal la encuentra culpable de iluminismo y manda que se queme cuanta página haya escrito y no quede rastro de palabra, concepto o idea suya alguna sobre la faz de la tierra

El fraile dominico prende fuego a los cuadernos usando una antorcha. Inés mira el fuego y echa a reír de forma histérica

INES

¡Qué importa! ¡Qué me importa, si todos son pecadores y yo una santa! ¡Y cuando haya muerto y esté en el paraíso, me reiré! ¡Me reiré desde arriba viéndolos quemarse a todos en el infierno, en el mismo fuego que hoy quema mis escritos!

Inés grita, ríe y llora a la vez mirando la pira. Coge unos pedazos de página quemados y un puñado de cenizas

INES
¡Echen flores! ¡Echen, echen! ¡Mis palabras se han vuelto cenizas! ¡Se han vuelto ceniza y el viento las eleva hasta el cielo! ¡Las cenizas llegan hasta las narices de Dios y él aspira mis palabras! ¡Mis palabras pueden volar! ¡Ellas sí pueden volar!

Inés echa las cenizas al viento


FRAlLE DOMINICO
(Al público) Ocioso es decir que la voladora enloqueció

GAITAN

En cuanto a Luisa Melgarejo, esposa del insigne rector de la universidad San Marcos, se le exime y absuelve de toda culpa por encontrarla víctima de las argucias de las otras condenadas, quienes en todo momento se aprovecharon de la buena fe inherente a su posición social e ilustre apellido

FRAILE DOMINICO

(Al público) Doña Luisa Melgarejo de Soto falleció largos años después, el 16 de Febrero de 1651 y hasta el Virrey asistió a su entierro, lo que acredita el respeto y fama que mereció, olvidándose rápidamente éste desagradable episodio de su vida. En cuanto a su silencio, se le atribuyó a su muy cristiana discreción

MARIA DE OLlVA

(Al público) Mi hija Isabel Flores de Oliva, llamada Rosa de Santa María, fue beatificada el 12 de Febrero de 1668 y proclamada santa en magnífica ceremonia en el Vaticano por el papa Clemente Décimo el 12 de Abril de 1671. Para entonces, hacía mucho que yo había muerto en la más absoluta miseria y a nadie le importó

MARlANA

Rosa, hermanita. Los cerros te recibieron y te abrieron su entraña para que vayas hasta los socavones de las minas. La mamapacha también te recibió para que alimentaras las cosechas, y el cielo igualito para hacer que tus lágrimas se vuelvan lluvia buena. Te quedaste para siempre con nosotros hermanita, porque huaca te has vuelto

FRAILE DOMINICO
(Al público) La obra del Santo Oficio quedó para la eternidad. Para ejemplo y escarmiento. Para guía y horizonte. Para manual y método infalible

DlEGO
(Al público) Por haber hecho del no un sí, de la traición un deber, de la ignorancia un mérito, de la cobardía un orgullo, y por lograr que incluso los significados de las palabras sean distintos, el accionar del Santo Oficio quedó grabado en todas las almas y los corazones, siempre listo para hacer temblar a quienes se atreven a desafiar leyes y designios en nombre de esa soberbia que inspira la mal llamada libertad

GAITAN

Y yo, Andrés Juan Gaitán, inquisidor superior del Santo Oficio en la Ciudad de los Reyes, aún no he muerto.

Sube música, bajan luces. Oscuro total



FIN



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